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Biografía de Milton Friedman

Ayer murió el célebre economista, Milton Friedman, estadounidense nacido en 1912, profesor que fue de la Universidad de Chicago y figura principal de la Escuela que lleva ese mismo nombre; generadora de largas promociones de los que en la jerga económica internacional se han denominado alguna vez, «Chicago boys», habiendo conseguido el Premio Nobel de Economía en 1976.


En la Windy City, Friedman trabó amistad con Friedrich von Hayek y, a finales del decenio de 1950 ambos consiguieron que se empezase a hablar de la citada Escuela de Chicago, como un foco de oposición al keynesianismo. En ese sentido, su libro Capitalismo y libertad (1962) fue una especie de biblia del neoliberalismo emergente. Luego, nuestro hombre se hizo notar ante la opinión pública por sus críticas a los controles de salarios y precios que Nixon estableció en el verano de 1971; para proteger al dólar, a pesar de lo cual éste fue declarado inconvertible en oro, debiendo ser devaluado por dos veces, para romper así el sistema monetario internacional vigente desde la década de 1940 al llegarse a los cambios flotantes.

Entre mediados del decenio de 1970 y finales del de 1980, las teorías de Friedman fueron muy bien acogidas por el presidente Ronald Reagan y la primera ministra británica Margaret Thatcher, quienes contaron con su asesoramiento continuo. Y con la serie de televisión Libertad de elegir, basada en el libro del mismo nombre (1980), los Friedman (ella, Rose) llegaron al gran público.

El mensaje de Friedman ha sido bien sencillo: el siglo xx fue el más próspero de la historia económica por la existencia de mercados abiertos y un gasto público contenido que no superaba el 10 por 100 del PIB. Y todo eso fue acabándose con el igualitarismo del siglo XX, asertos excesivamente contundentes salvo para los friedmadictos. Y en cuanto a las empresas, Friedman creía que su único objetivo era obtener beneficios y que sería impropio exigirles responsabilidades sociales, pues en esa dirección se caería en el «taxation without representation»; un lema que con un “no” delante dio origen a la revolución norteamericana en 1776.


Personalmente, me gustaría llamar la atención sobre tres puntos relacionados con Friedman que considero de interés. El primero, la NAIRU (non accelerating inflation rate of unemployment), traducida generalmente al español como tasa natural de desempleo. Esto es, aquel nivel de desocupación del que no puede bajarse, para así evitar que se acelere la inflación. Un concepto muy debatido y que cada vez se muestra más deslizante. La segunda cuestión figura en otro libro de Rose y Milton titulado La tiranía del status quo, donde los Friedman se declaran partidarios de la despenalización de las drogas, con ciertos controles, para acabar con el fraude mortífero, los altos precios que conducen a toda suerte de delincuencias, y la corrupción entre policías y políticos. Y en el tercer punto, dicho con todo el respeto a un maestro, se esté o no de acuerdo con él, Don Milton se columpió. Al pronosticar, primero, que el euro nunca llegaría a existir, y después que la Unión Monetaria ya conseguida duraría pocos años. En cualquier caso, un hombre tan trabajador e incisivo, aunque demasiado frío en las consecuencias sociales de sus prédicas, ya se merecía un buen descanso. Que lo tenga.

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(algunos derechos reservados)

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Escuela de Chicago

Durante años la Escuela de Chicago era muy conocida por ganar Premios Nobel, es por eso que investigue los economistas que pasaron por esta escuela. Este trabajo también lo publique en una enciclopedia gratuita en internet, ahora quiero que la comunidad de Zona Económica también lo tenga.



 

 

La Escuela de Chicago, es tal vez la Escuela de Economía más conocida en Estados Unidos. La escuela se refiere más al Departamento de Economía de la Universidad de Chicago. 



La Escuela de Economía de Chicago empezó a funcionar en 1920, bajo la dirección de Frank H. Knigth y Jacob Viner. Al comienzo la Escuela de Chicago fue llamado el “Trío Matemático”, porque estaban los profesores Oscar Lange, Henry Schultz y Paul Douglas.

En 1960, la escuela fue conducida por los economistas George Stigler y Milton Friedman. 

Es así que en 1976 Milton Friedman gana el Premio Nobel de Economía por su aporte a Teoría Monetaria y a partir de ese entonces la Escuela de Chicago comienza a tener renombre por los aportes de sus economistas.



La escuela promueve fuertes lazos entre los economistas del Departamento de Economía, de la Escuela de Negocios (Graduate School of Business), y de la Escuela de Leyes (The Law School), esto le posibilita probar constantemente la teoría con la practica.

 

Los premios nobel de la Escuela de Chicago son :

1976 Milton Friedman

1979 Theodore Schultz

1982 George Stigler

1990 Merton Miller

1991 Ronald Coase

1992 Gary Becker

1993 Robert Fogel1995 Robert Lucas

2000 James Heckman

 

Adicionalmente muchos Premios Nobel de Economía, han pasado por la Universidad de Chicago y en su Departamento de Economía como estudiantes, profesores, o investigadores, siendo los siguientes nobeles :

 1970 Paul Samuelson.- Bachiller (1935).

1972 Kenneth Arrow.- Investigador Asociado (1947-1948).

1974 Friedrich Hayek.- Profesor (1950-1964).

1975 Tjalling Koopmans.- Investigador Asociado (1944-1946),

          Profesor Asociado (1946-1948), Profesor (1948-1955).

 1978 Herbert Simon.- Bachiller (1936), Ph.D. (1943),

          Investigador Asistente(1936-1938).

1980 Lawrence Klein.- Investigador (1942-1943).

1983 Gerard Debreu.- Investigador Asociado (1950-1955).

1986 James M. Buchanan.- Ph.D. (1948).

1989 Trygve Haavelmo.-Investigador Asociado (1946-1947),

         Profesor Visitante (1957-1958).

1990 Harry Markowitz.- Bachiller (1947), Maestría(1950), Ph.D. (1955).

1997 Myron Scholes.- Maestría (1964), Ph.D. (1970).

1999 Robert Mundell.- Profesor (1966-1971).

2000 Daniel McFadden.- Profesor Visitante (1966-1967).

2004 Edward C. Prescott.- Profesor Visitante (1978-1979), Profesor (1998-1999).

 

Espero que sea de ayuda, para profesores y estudiantes de Economía.

 

Manuel T.C.

¿Economía o Administración?

En internet encontré un artículo muy interesante acerca si estudiar economía o administración, ya que esto fue escrito por uno de los mejores economistas peruanos llamado Richard Webb (economista por la Universidad de Andrews-Escocia y Ph.D. en Economía por la Universidad de Harvard-EE.UU.).



 

Articulo.-Una causa de acercamiento ha sido el descubrimiento de que la calidad de gestión de un gobierno es uno de los determinantes centrales del desarrollo económico.

¿Cuál estudiar? Es una de las preguntas más frecuentes que recibo de los jóvenes. Mi respuesta de cajón es que depende de la vocación: el arte y las herramientas de la administración son para el que se inclina a la vida práctica de gestión de una empresa o entidad; la economía es más bien una ciencia --ciencia social-- fascinante para el que nace con vocación de estudioso o educador, pero poco útil en la práctica, salvo para un limitado número de cargos públicos o en muy pocas empresas grandes. Cuando me embarqué en el estudio de la economía, me advirtieron que esa carrera no existía en el Perú y, efectivamente, cuando entré a trabajar en el Banco Central de Reserva fui el primer economista con estudios de posgrado que contrataba esa institución. Cuarenta años más adelante, sigue siendo limitado el mercado de trabajo para el economista, y si muchos consiguen empleo es porque su disciplina favorece el pensamiento lógico y empírico, aunque también porque los empleadores creen erróneamente que están contratando a un trabajador que sabe de gestión. El venerable Bank of England --BCR británico-- solía reclutar entre los estudiantes de latín y griego clásico porque se consideraba que solo los alumnos más brillantes estudiaban esas lenguas muertas.



El mundo del gerente se circunscribe a una entidad, el del economista a la colectividad. Nada tipifica mejor la materia de la ciencia económica que las llamadas externalidades, que son los efectos favorables o desfavorables de las acciones sobre terceros. El gerente toma decisiones para beneficio de su entidad, pero en la vida colectiva, cada acción genera olas expansivas, y la ocupación del economista consiste justamente en el seguimiento de esas olas. Donde termina la preocupación del gerente empieza la del economista. Pero a pesar de esa diferencia, decir que la economía y la administración son dos mundos separados --mi respuesta tradicional-- es cada día un concepto menos exacto. En las últimas dos décadas se ha producido un acercamiento entre esos dos mundos.

Una causa de acercamiento ha sido el descubrimiento de que la calidad de gestión de un gobierno es uno de los determinantes centrales del desarrollo económico. Hasta fines de los años ochenta, la colección más leída por los estudiosos del desarrollo económico, compilada por Gerald Meier, no incluía una sola referencia a la calidad administrativa; sin embargo, justamente en los años ochenta se inicia una revolución intelectual que prioriza la importancia de la gestión y empieza entonces una ola de reformas del Estado que se extiende tanto a países ricos como pobres. Desde esos años, mejorar la gestión estatal ha sido uno de los principales objetivos del Banco Mundial y de otras agencias de desarrollo, creándose una batería de proyectos y programas para la transformación de los procesos gubernamentales. Hoy la ciencia de las instituciones y de la gestión estatal es parte del temario del economista.

Paralelamente, la ciencia de la gestión empresarial pone más y más atención a las interconexiones y externalidades, liderada por las ideas de Michael Porter, Paul Krugman, Robert Barro y Joseph Stiglitz. Los empresarios ahora conversan de cadenas productivas, concertación, planificación estratégica, además de la responsabilidad social, temas antes exclusivos del economista. Se reduce así la distancia entre las disciplinas de la administración y de la economía.



Manuel T.C.

Modelos en Europa

En el Boletín Económico de Información Comercial Española, el excelente semanario del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio (Secretaria de Estado de Comercio), en el número 2891 del 16 de octubre, hay un interesante artículo del profesor de Economía Aplicada en la UCM, Rafael Fernández Sánchez, sobre “Irlanda y Finlandia. Dos modelos de especialización en tecnologías avanzadas”. Un escrito en el que se comparan las experiencias de esos dos países, que durante el lapso 1994/2004 alcanzaron las tasas de crecimiento más elevadas de la UE. A base de reorientar sus economías hacia nuevos patrones de especialización, en sectores de tecnología avanzada que se han comportado de manera muy competitiva a escala internacional.


Claro es que, en ambos casos, ha habido, como trasfondo, una política industrial de largo plazo, con todo un marco de referencias —fiscalidad, I+D, trato preferente a las multinacionales, sistemas educativos avanzados, etc— que han favorecido el éxito de ambos modelos, con sus diferencias entre sí, de modo que el Doctor Rafael Fernández Sánchez llega a la conclusión de que “la estrategia irlandesa parece más brillante, pero la experiencia escandinava resulta más consistente”.

Ya sabíamos que dentro de la UE, Irlanda y Finlandia son países económicamente admirables, entre otras cosas porque dejan que la libre empresa se manifieste con toda libertad en sus capacidades creativas, buscando siempre lo último de lo último. Y no hay más que visitar las ciudades de Dublín y Helsinki —cosa que personalmente he hecho en los últimos tres años—, para percatarse de que la gente tiene ganas de vivir, disfruta, como se dice coloquialmente, a tope; y en general está muy en la línea de dedicación a su propio trabajo.

El antimodelo europeo actualmente hay que situarlo en Italia, con bajo crecimiento, inflación considerable, y una deuda pública que no logra rebajarse del 100 por 100 del PIB. Además, en el marco de una pesada burocracia intervencionista, que es el origen mismo de la huida de los italianos hacia una economía informal tan abundante como diversificada, e incumplidora de las obligaciones fiscales.


Muchos pensaban que esa situación, mezclada con la persistencia de factores típicos de “Estados dentro del Estado”, como la Mafia y la Camorra, eran el resultado de una larga tradición de miserias y corruptelas, en una Italia que no encontraba el camino de modernizarse, y mucho menos teniendo a la cabeza a un personaje como Silvio Berlusconi; que en cuatro años de gobierno, aparte de proteger sus propios intereses mediáticos y en otras ramas de negocios, se reía de sus conciudadanos. Pero hete aquí que con una persona tan sesuda como Romano Prodi —il Profesore— al frente del nuevo ejecutivo, las cosas, lejos de mejorar, incluso están empeorando. Lean Vds. la entrevista que en el Financial Times de hoy le hacen al citado Primer Ministro, y anterior Presidente de la Comisión Europea, para percatarse de los profundos males que hoy se abaten sobre Italia. Dos modelos y un antimodelo, that is the question.

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NEUROECONOMÍA: HACIA UNA RELATIVIZACIÓN DEL CONCEPTO DE MAXI/MINIMIZACIÓN DENTRO DE LA CIENCIA ECONÓMICA

Modernos hallazgos que vienen de las neurociencias describen una racionalidad humana mucho más compleja y lejana de la que hoy tomamos como base para modelizar la toma de decisiones en economía. ¿Cambio de paradigma en nuestra ciencia?


1. Introducción

Fueron los neoclásicos los que formalizaron, matemática mediante, los modelos económicos (de equilibrio parcial y de equilibrio general) que han perdurado hasta la actualidad. Aportes desde Jevons, Marshall, Pareto y Walras, entre otros, consolidaron durante el siglo XIX la base de la ciencia económica que hoy se estudia en las universidades, que supone en los seres humanos una racionalidad maximizadora de beneficios / minimizadora de costos bastante extrema, siempre en lo que respecta a nuestra tarea de tomar decisiones económicas en función del dilema recursos escasos versus necesidades infinitas. Los neoclásicos propusieron esta racionalidad humana por una razón que nadie generalmente refuta: los hombres, animales pensantes por excelencia en este mundo, al enfrentarnos al mencionado dilema (necesidades infinitas / recursos escasos) no nos queda otra que tratar de maximizar siempre la utilidad / beneficio que podemos sacar de nuestros escasos recursos (nuestros salarios especialmente), buscando de esta forma obtener en toda situación -de índole económica- el máximo beneficio con el mínimo costo. Este es, palabras más, palabras menos, el fundamento que los neoclásicos tuvieron en cuenta para edificar “científicamente” a la economía, es decir para darle formato científico / matemático a ideas ya existentes, que venían postulando por ejemplo Adam Smith y David Ricardo -entre los principales de la llamada Escuela Clásica en economía-, ideas que tomaron auge principalmente con la 1ra Revolución Industrial (siglo XVIII), cuando se empezaron a formar los estados naciones y las economías de mercado que aún hoy perduran.

Contextualizando entonces el aporte de los neoclásicos, fácilmente advertimos lo enorme y valioso de su labor: formalizaron matemáticamente todo el pensamiento económico de mercado que había hasta esa época, formalización que permitió que la economía fuera vista como ciencia (y gozara de respeto académico) a la luz del riguroso paradigma positivista que reinaba en todo el mundo científico. Corría entonces el siglo XIX y los Marshall, Jevons, Pareto y compañía, con la primera y segunda revolución industrial delante de sus ojos y un paradigma científico racionalista-positivista que atravesaba todas las ciencias, hicieron que la economía creciera como ciencia en una época donde todo lo que no era matematizable no tenía mucho rigor científico. En aquella época, el positivismo exigía a las ciencias que fueran capaces de fundamentar la mayor cantidad de hechos posibles bajo cadenas lógicas de causa / efecto, y con postulados susceptibles de ser testeados –en lo posible vía métodos cuantitativos-, de lo contrario no se consideraba a una ciencia del todo seria. Por lo tanto, las herramientas matemáticas (derivadas, integrales, ecuaciones diferenciales y en diferencia, etc.) fueron sumamente útiles para basamentar una ciencia social como la economía, ya que si bien forzó “un poco” la racionalidad humana –no existían los desarrollos en neurociencias que hay ahora, hay que reconocerlo-, le dio rigurosidad científica y poder predictivo a nuestra naciente ciencia. En resumen, estos primeros científicos de la economía (los clásicos y especialmente los neoclásicos) hicieron un aporte espléndido para su época, construyeron con rigor científico una de las ciencias más influyentes de los tiempos modernos: la economía, la ciencia de nosotros los economistas, clase poderosa si las hay -intelectualmente hablando- en nuestros días.


Y el éxito de esta creación científica fue notable, hasta tal punto que al día de hoy las bases del pensamiento neoclásico no han sufrido grandes embates, por ejemplo en microeconomía, Chamberlin y Nash con sus aportes en competencia imperfecta, si bien muy importantes por sus hallazgos, partieron de los supuestos maxi/minimizadores neoclásicos. Ni hablar en macroeconomía, donde por ejemplo la Escuela de los Nuevos Clásicos, también con aportes teóricos interesantes, parte íntegramente de los supuestos neoclásicos. Es más, todo el auge de la teoría de las Fallas de Mercado, que ha revolucionado el campo de la política económica por ejemplo, está íntegramente basada en la racionalidad neoclásica. Quizás tan sólo Keynes y sus seguidores sean una de las pocas escuelas que empezaron a cuestionar la racionalidad neoclásica, en especial con sus aportes sobre el comportamiento de la función de inversión en épocas de crisis, la trampa de la liquidez, y otros tópicos relacionados. Recordemos que Keynes escribió en la época de la Gran Depresión de la década de 1930, donde casi se derrumba el capitalismo, dando muestras que algo fallaba en el sistema, y obviamente también en la teoría.

Keynes y sus seguidores pusieron énfasis en que la economía no siempre camina por senderos de alta racionalidad y que por ejemplo muchas veces se dan situaciones de pánico colectivo que implican parálisis de inversión y consumo, aún ante condiciones que deberían permitir a “hombres racionales” volver a una situación de equilibrio, o sea a salir de la crisis. Sus postulados entonces se hicieron famosos durante la crisis mundial del ’30, como ya dijimos, cuando el Estado tuvo que salir a suplir la falta de iniciativa privada (consumo e inversión privada) con iniciativa pública (gasto público) para que el mundo volviera al crecimiento, postulados que también se ha corroborado como bastante acertados en innumerables situaciones en décadas posteriores, donde ciertas economías nacionales cayeron en situaciones de desequilibrio prolongado (recesión, depresión, estanflación, etc.) y no se recuperaron fácil (caso Japón en los ‘90, etc.).

En una palabra, detrás del pensamiento keynesiano y sus ramificaciones subyace la idea de que los individuos y las empresas no son 100% maximizadores en cuanto a sus decisiones de índole económica, por distintas y discutibles razones, pero no siempre maximizadores. Lamentablemente, Keynes escribió en una época donde las neurociencias no mostraban los avances que hoy muestran, que incluso ya han permitido el surgimiento de lo que algunos teóricos llaman neuroeconomía, rama de la ciencia económica que trata de buscar explicaciones a la toma de decisiones en función del estudio del funcionamiento del cerebro humano, que tiene un alto componente emocional además de su conocido componente racional.


Y si bien es irrefutable que la escasez de recursos obliga a los seres humanos a tender hacia la maximización de beneficios y/o minimización de costos, y siempre va a ser así -salvo que el hombre cambiara y se volviera una persona que se conformara con poco, o que estuviera dispuesto a compartir todo con su prójimo, lo que nos acercaría al hombre pronosticado por Marx (y por los socialistas utópicos) en su mentado “fin de la historia”-, la neuroeconomía de a poco está mostrando que el ser humano es maximizador sólo “a grandes rasgos”, es decir los es sólo en términos relativos, no absolutos. Es decir hoy está cada vez más claro, a partir de la ayuda de las neurociencias, que el ser humano no siempre maximiza beneficios y / o minimiza costos en sus decisiones económicas, y por lo tanto el basamento fundamental con el que se construyen todos los modelos económicos estaría empezando a relativizarse, irónicamente conectando a la economía con la llamada posmodernidad, paradigma del comportamiento humano que ha atravesado ciencias sociales como la sociología, la educación y la psicología, pero hasta ahora nunca la economía. Es más, modernas investigaciones en neuromarketing por ejemplo, ilustran casos donde las personas se comportan en forma contraria a lo que pronosticaría una función de consumo de la teoría económica tradicional.

Y si bien la aplicación de la neurociencias a la economía pareciera que aún está en pañales, en el marketing ha avanzado un poco más, de hecho estos avances en neuromarketing son un buen indicio de lo que puede llegar a venirse en neuroeconomía. Un buen ejemplo lo da un pensador influyente en el tema neuromarketing, el argentino Nestor Braidot, cuyas recomendaciones para empresarios, basadas en los modernos estudios científicos que vienen de las neurociencias, son útiles para mostrar el posible cambio de paradigma que se viene dentro del pensamiento económico dominante. Dice Braidot: “las neurociencias han demostrado que la decisión que impulsa una compra no es un proceso racional, sino que en la mayoría de los casos es relativamente automática y deriva de fuerzas metaconscientes”, o sea nos está diciendo que la gente incorpora muchas más cosas a la decisión de compra que el simple análisis costo-beneficio que usamos en micro y ahora también en macroeconomía (por eso de los fundamentos micro), cuestiones irracionales que obviamente el hombre no calcula y, más que obviamente, no se pueden matematizar. Es decir, a la vista de los postulados de Braidot para el marketing, se puede deducir que, en economía, por lo menos la función de consumo de los modelos macro, derivada con los supuestos micro de la maximización, estarían fuertemente sesgadas, invalidando probablemente todo el modelo macroeconómico. Casi nada!!

2. Sobre cómo piensa el ser humano real, no el de la teoría económica

La noción actual sobre los fundamentos de la conducta humana es mucho más apasionante y compleja que la que se tenía hasta antes de los recientes avances en neurociencias, y ni que hablar de la excesivamente racional que sirve de base para modelizar en economía. Al contrario de lo habitualmente sostenido, recientes hallazgos ilustran que los seres humanos tienen tres muy importantes centros neuronales (tres cerebros) que participan en la toma de decisiones, dos de ellos eminentemente emocionales –en los intestinos y en el corazón- y el otro -el de la cabeza- sólo parcialmente racional, ya que también tiene una porción altamente emocional.

La noción tradicional sobre la influencia del cerebro de la cabeza en el comportamiento humano puede resumirse así: todas las experiencias que se viven directamente, como interactuar con alguien, enfrentar una dificultad, un problema o una oportunidad, o más concretamente en economía, observar un producto con intención de compra, son percibidas mediante los 5 sentidos primarios y entran en el sistema nervioso. De acuerdo con este viejo modelo, que los hallazgos en neurociencias ya han derrumbado, todas las experiencias van directamente al cerebro, el individuo piensa en ellas y responde con alguna conducta. Todo sucede en la cabeza. Hasta acá la versión tradicional, la que indirectamente siempre ha usado de base la teoría económica para modelizar.

Pero como enseñan los modernos avances en neurociencias, la realidad es otra. De hecho, cuando dedicamos demasiada actividad cerebral a pensar y recordar, no queda suficiente energía en el cerebro para sentir y experimentar en toda su magnitud lo que es novedoso en ese momento. Como resultado, el desempeño que podría ser ingenioso y práctico se vuelve desatinado e ineficaz.

El campo de las neurociencias es hoy en día muy dinámico, de hecho “todos los días” pareciera que se está aprendiendo algo más sobre los misterios de la inteligencia humana; según estudios recientes, la inteligencia y por lo tanto el sustento de todas nuestras decisiones y elecciones se distribuye en todo el organismo. Desde hace poco se sabe que cada experiencia que tenemos no va directamente al cerebro para que pensemos en ella (antigua creencia), sino que se dirige primero a las redes neurológicas del tracto intestinal (entrañas) y del corazón. Es decir, pareciera que lo último que hacemos es pensar con el cerebro “maximizador”, el único que utilizamos los economistas para armar nuestros modelos micro y macro.

? El cerebro de los intestinos

Cada punto de contacto con la vida produce una sensación que se puede experimentar como mariposas en el estómago, un nudo de tensión en los intestinos o una emoción. La sensación está ahí, haciendo muchas preguntas, no importa que uno las advierta o no. Y nuestros intestinos (o entrañas) no sólo hacen preguntas, también las responden y sus respuestas afectan nuestras acciones. Conocido como sistema nervioso entérico, este cerebro nº 2 –que se encuentra dentro de nuestros intestinos- es independiente del que se aloja en el cráneo –cerebro nº 1-, pero se conecta con él. Los científicos que estudian los neuroquímicos y los complejos sistemas de las células nerviosas del tracto intestinal afirman que hay más neuronas en este tracto que en toda la espina dorsal, es decir alrededor de 100 millones. Ese intrincado circuito le permite actuar con autonomía, aprender, recordar e influir en nuestras percepciones y comportamientos.

Independientemente de que los seres humanos reconozcamos o no las reacciones provenientes de nuestros intestinos, ellos moldean todo lo que nosotros hacemos, todo el tiempo. Y ahora me surge a mí una pregunta como economista, ¿será frío y maximizador este cerebro, como el de la cabeza, o será más emocional? Parece que más emocional. Entonces me surge otra pregunta: ¿en qué porcentaje influye el cerebro intestinal en la decisión final que uno toma, por ejemplo sobre consumir dicho producto o su sucedáneo más caro, ampliar mi empresa o no, trabajar aquí o allá, etc.? Es decir ¿qué pesará más, lo emocional o lo racional? No sabemos bien la respuesta, pero lo que sí es seguro es que el problema decisional se pone bastante más complejo de modelizar.

? El cerebro del corazón

Después que el sistema nervioso entérico digiere cada experiencia, el corazón la examina. En la década de los ’90, los científicos del nuevo campo de la neurocardiología descubrieron que el verdadero cerebro –cerebro nº 3 para este texto- está en el corazón y que actúa independientemente del de la cabeza. Constituido por más de 40.000 células nerviosas llamadas barorreceptores, junto con una compleja red de neurotransmisores, proteínas y células de soporte, este cerebro es del tamaño de varias áreas clave del cerebro de la cabeza. Cuenta con habilidades computacionales poderosas y altamente sofisticadas. Al igual que el cerebro de los intestinos, éste utiliza su circuito neural para actuar con independencia, aprender, recordar y responder ante la vida.

En el feto, el corazón se desarrolla antes que el sistema nervioso y el cerebro pensante. La energía eléctrica de cada latido del corazón, junto con la información que contiene, es transmitida a cada célula del organismo. El corazón es un músculo cargado de energía, y cada latido desencadena la actividad de miles de millones de células con un ritmo perfectamente sincronizado. Estudios recientes sobre la generación de las emociones y los mecanismos que intervienen en el aprendizaje han revelado que la coherencia rítmica del cerebro del corazón puede modificar dramáticamente la eficacia del cerebro pensante.

Cada latido del corazón hace que el organismo se comunique instantáneamente como un todo, pues se trata de una onda que viaja por las arterias muchísimo más rápido que la sangre por el torrente sanguíneo. Esto crea otro tipo de comunicación interior, ya que estos patrones de onda varían con cada patrón intrincado y rítmico del corazón. Cada una de las millones de células de nuestro organismo siente esta onda de presión y se ve afectada por ella de varias maneras.

Si no sentimos nuestros valores y nuestras metas, no podemos vivirlos. El papel decisivo para impulsarnos a sobresalir no lo desempeña la cabeza, sino el corazón.

Desde el punto de vista de la creatividad y la iniciativa (muy relacionadas con la función de inversión en la economía), el corazón no sólo está abierto a nuevas posibilidades, sino que las explora y se esfuerza sin cesar por comprender intuitivamente qué es lo más importante para la vida y el trabajo del individuo. El cerebro del corazón busca instantáneamente nuevas oportunidades para crecer o aprender, establece una lectura de lo que los demás sienten, evalúa la congruencia de esos sentimientos y revisa la coherencia interna de sus valores y pasiones. Así el corazón parece funcionar como un sistema sensorial trascendental, o como un radar que revela oportunidades importantes o novedosas. A esta altura, como economista, me surge otra nueva pregunta: si la neurocardiología está demostrando que esta “comprensión intuitiva” que hace el cerebro del corazón es una de las fases más determinantes para la toma de decisiones humanas ¿cómo hacemos para incluirla en los modelos económicos, si es algo que parece tener bastantes componentes irracionales, al igual que el cerebro de los intestinos?

Además de lo ya mencionado, podemos agregar que el campo electromagnético del corazón es el más poderoso del organismo. De hecho, es aproximadamente 5.000 veces más poderoso que el del cerebro de la cabeza. Los cambios eléctricos en los sentimientos transmitidos por el corazón humano se pueden percibir y medir a más de medio metro de distancia.

Así como nuestros intestinos (cerebro 2) procesan mucho más que alimentos, el corazón (cerebro 3) hace que circule mucho más que sangre. Cada latido se comunica con todo el organismo mediante un lenguaje inteligente que afecta profundamente nuestra percepción del mundo y nuestras reacciones.

? El cerebro de la cabeza

La próxima estación de los impulsos nerviosos (recordemos que primero pasan por los intestinos y el corazón) es un área ubicada en la base del cerebro llamada médula. Allí se desarrollan varios procesos fundamentales. Dentro de la médula existe un vínculo vital con el sistema activador reticular (SAR). Este sistema se conecta con nervios importantes de la columna vertebral y el cerebro. Clasifica los 100 millones de impulsos que le llegan al cerebro cada segundo, y desvía los impulsos triviales para que únicamente los que son vitales alerten a la mente. Tras dejar el SAR, en fracciones de segundo la comunicación neural viaja al sistema límbico, donde percibimos el mundo y moldeamos nuestras respuestas. El sistema límbico es el centro de las emociones del cerebro. Existe evidencia de que este sistema funciona 80 mil veces más rápido que la corteza cerebral del cerebro pensante. Es decir, las neurociencias hoy nos están diciendo que en la zona del cerebro nº 1 -de la cabeza- también tenemos un centro donde pesa más lo emocional que lo racional, es decir el sistema límbico.

Finalmente, y en lo que es la última parada de su viaje, la cascada neural de impresiones originadas en nuestras experiencias llega al área pensante del cerebro, conocida como corteza cerebral. Decimos “finalmente” porque ya vimos que, antes de llegar a esta área, las entrañas o intestinos, el corazón y la región emocional del cerebro experimentan e interpretan todas nuestras vivencias. En otras palabras, y contrario a lo que se suele creer, parece que lo último que hacemos es pensar, es decir, lo último que aplicamos es el frío cálculo costo / beneficio para tomar nuestras decisiones. Para el homos economicus, esto es, nosotros los seres humanos tratando de satisfacer nuestras necesidades económicas, esto implicaría que antes de aplicar nuestros agudos análisis maxi/minimizadores para darle el toque final a una decisión (la compra del producto X), ya hemos venido formando nuestra respuesta desde los intestinos, el corazón y el sistema límbico -todas zonas eminentemente emocionales-. Es decir, gran parte de dicho proceso decisorio, el eminentemente emocional, no es tenido en cuenta por la teoría económica neoclásica.

Es más, siguiendo con el análisis del cerebro de la cabeza, cada uno de nosotros sabe que cuando dependemos demasiado del cerebro de la cabeza se nos empiezan a presentar problemas innecesarios. Una de las razones es que cuando la mente funciona sin estar equilibrada con las entrañas y el corazón, el intelecto actúa fundamentalmente por conveniencia. El intelecto tiene la capacidad de conjurar todo tipo de ideologías, filosofías, teorías, principios y creencias, pero aunque éstos sean elocuentes y bien intencionados, no significan mucho por sí solos. Debemos sentir (parte emocional) lo que es importante para nosotros a fin de vivir y de tomar cada una de nuestras decisiones, de las cuales más del 90% son decisiones económicas.

Es por eso que la frecuente exhortación a mantener a raya nuestras emociones termina generalmente haciéndonos tomar decisiones inadecuadas. Desde luego que debemos pensar con la mayor claridad posible, pero tomar decisiones o resolver problemas basándonos únicamente en el pensamiento, es decir, sin la participación activa de los cerebros de las entrañas y el corazón, no es suficiente. El tema es que la teoría económica supone por conveniencia metodológica –el uso de las matemáticas- un ser humano íntegramente sostenido por la parte pensante del cerebro de la cabeza, olvidándose de toda la carga emocional en que se fundan nuestras decisiones. Y lo que es más, cambiar esta forma de modelizar la economía sería un verdadero cambio de paradigma, sería superar el paradigma neoclásico por otro quizás llamado neuroeconómico, o conductual. Ahora bien, la tarea no va a ser fácil, ya que modelizar quizás se complejice mucho más.

3. Pero cómo hacemos para modelizar en economía el alto componente emocional de la conducta humana

Tamaño problema para nosotros los economistas estoy planteando. Al cerebro maximizador, el de la cabeza, y más precisamente el de la corteza cerebral –ya vimos que el sistema límbico es esencialmente emocional-, es fácil modelizarlo. A partir del análisis matemático, utilizamos por ejemplo los procesos de cálculo de derivadas para maximizar funciones (consumo, inversión, etc.) sujetas a restricciones, generalmente marcadas por los recursos escasos con los que indudablemente contamos para satisfacer nuestras necesidades económicas (los limitados ingresos salariales, las rígidas dotaciones de bienes de capital disponibles en el corto plazo por las empresas, etc.). Pero si ahora las neurociencias nos dicen -en forma elocuente y experimentalmente demostradas- que las decisiones de inversión, consumo, ahorro, etc. no sólo se toman a partir de lo que dice la corteza cerebral (el intelecto, lo racional), sino que se vienen masticando dichas decisiones desde otras estaciones cerebrales no racionales, o sea eminentemente emocionales -y para nada maxi/minimizadoras-, cómo hacemos los economistas para modelizarlas. Y lo que es más, si por ejemplo la respuesta fuera que metodológicamente los hallazgos de las neurociencias no se pueden modelizar con cierto rigor científico en economía, no sería quizás más prudente empezar por relativizar las predicciones de los modelos que sustentan nuestra actual ciencia económica, basamento de la política económica gubernamental en todos sus niveles. Que quede claro que no estoy proponiendo dejar de lado los postulados neoclásicos de la economía -el paradigma vigente-, pero al menos sí convencernos de forma muy nítida que las inferencias y pronósticos que se pueden hacer a partir de ellos son muy relativos, tan sólo orientadores a grandes rasgos de la evolución económica futura.

Afortunadamente, y si bien no es la finalidad de este trabajo ilustrarlos, los economistas que se están dedicando a la neuroeconomía efectivamente están logrando hacer desarrollos para mejorar la teoría neoclásica. Pero en consonancia con el párrafo anterior, y al menos hasta que la obra de los neuroeconomistas esté concluida, podríamos empezar los docentes / académicos que enseñamos los modelos neoclásicos por “dejar de mirar para otro lado” y -al menos verbalmente- relativizar ante nuestros alumnos las conclusiones de dichos modelos, y lo que es más importante aún, las conclusiones que de ellos emanan.

A continuación ilustramos algunos postulados del neuromarketing, para darnos cuenta de cuán sesgadas están las funciones de consumo de los modelos macro hoy vigentes, modelos que se utilizan para predecir la evolución de las economías nacionales y planificar políticas económicas, o sea casi nada. Siguiendo escritos del mencionado especialista Nestor Braidot, tenemos que:

? “Los últimos avances en neurociencias han demostrado que la toma de decisiones de consumo no es un proceso racional. Es decir, los clientes no examinan conscientemente los atributos de un producto o servicio para adquirirlo”.

? “En la mayoría de los casos, el proceso de selección es relativamente automático y deriva de hábitos y otras fuerzas metaconcientes, entre los cuales gravitan la propia historia, la personalidad, las características neurofisiológicas y el contexto físico y social que nos rodea”.

? “Según los científicos, las zonas del cerebro de la racionalidad no pueden funcionar aisladas de las zonas de regulación biológica-emocional. Los dos sistemas se comunican y afectan la conducta en forma conjunta, y consecuentemente, el comportamiento de las personas”.

? “La fragancia de un perfume, por ejemplo, puede evocar distintas sensaciones. Si el cliente asocia dicha fragancia con experiencias dolorosas o con una persona con la que no simpatiza, es muy probable que no lo compre, aún cuando la relación precio-calidad-marca sea razonable”.

? “Estas y otras asociaciones, al igual que la mayor parte de los procesos mentales, se verifican en el plano metaconsciente y nos obligan a encontrar nuevas herramientas que nos permitan acceder a ese conjunto desordenado de emociones, recuerdos, pensamientos y percepciones que determinan las decisiones de compra y consumo, y que la mayoría de las veces el cliente desconoce”.

4. Una posible cambio de paradigma si los hallazgos de las neurociencias se aplicaran a la teoría económica

Como dijimos al principio de este trabajo, las enseñanzas que las neurociencias están dando al marketing (neuromarketing) podrían ser aprovechadas por los economistas teóricos para fundamentar mejor las funciones de los modelos macro, en especial la de consumo, y no poner tanto en un primer plano al análisis matemático, potenciando la incorporación de variables que permitan modelizar hombres más humanos que los ultra-maximizadores usualmente supuestos por la teoría, que ha llevado a una ciencia social como la economía a adentrarse profundamente en el frío mundo de las matemáticas y a la pretensión de algunos colegas de “hacer hablar a las matemáticas”.

Y así como en la época del racionalismo / positivismo la Escuela Neoclásica entendió que había que parar con la mera especulación sin fundamentos científicos, posibilitando el auge de la economía como ciencia, ahora quizás sea hora que la Escuela de la Neuroeconomía, si así se la puede llamar, diga: “paremos un poco con tanta maximización y ultra-racionalidad y pongámonos a modelizar también la irracionalidad / emocionalidad del ser humano, que las neurociencias están mostrando que es muy importante para explicar la conducta humana”. Probablemente, la ya complicada tarea de científico de la economía (por la matemática compleja que hoy se usa) se va a complicar aún más, pero en otro sentido y con un debate que se va a enriquecer y lo que es mejor, las políticas económicas, basadas en dichos modelos, quizás sean más acertadas. E indudablemente habría en la ciencia económica un cambio de paradigma, pasando del hoy vigente neoclásico a uno quizás llamado neuroeconómico.

Ética y democracia 1

 Miguel Giusti *        



¿Que relación existe entre la ética - como fundamento de la acción- y la democracia? El autor revisa crítica y propositivamente algunas concepciones éticas liberales de la democracia.No hay democracia sin ética. Hay, sí, ética sin democracia, pero no democracia sin ética. La ética es una concepción evaluativa de la vida, un sistema de creencias o una escala de valores socialmente compartidos, que animan la interpretación de la realidad y que subyacen a las diferentes formas de organización institucional que una sociedad decide darse.Concepciones éticas en este sentido ha habido, naturalmente, muchas, pues todos los seres humanos, en todas las épocas y lugares, participamos de algún sistema de creencias morales que da sentido y pone orden a nuestra acción en el mundo.Pero, como es también evidente, no todas las concepciones éticas han sido democráticas: las hay jerárquicas, aristocráticas, fundamentalistas, patriarcales, colectivistas.La democracia, por su parte, es una concepción política sobre el gobierno de la sociedad que, como todos los sistemas políticos, reposa sobre una definición de lo que somos como individuos y de los derechos y los deberes que nos corresponden como tales, es decir, reposa sobre una concepción ética. La democracia es un producto de la modernidad occidental y no puede entenderse sin que se tomen en consideración las transformaciones ocurridas en las concepciones éticas que le sirven de fundamento. Puede haber pues éticas no democráticas, pero no puede haber una democracia sin ética. Sobre la base de esta reflexión preguntémonos ahora cuál es esa ética que necesariamente sirve de sustento a la democracia.

I

No es fácil responder a esta pregunta, porque, como seguramente sabemos o intuimos, la democracia no reposa sobre una ética unívoca, sino más bien sobre un conflicto de concepciones éticas. Concentraré por eso mi atención en buscar una respuesta adecuada a la cuestión del sustento ético de la democracia. Y lo haré en una secuencia de tres pasos, o de tres tesis, la primera de las cuales es que la ética de la democracia puede ser, y lo es de hecho en muchos lugares, una ética del individualismo y la desintegración social. No me estoy refiriendo, por cierto, a uno que otro efecto secundario de la organización democrática de la sociedad, sino a lo que he llamado la concepción ética, es decir, el sistema de referencias morales que sostiene al régimen político de la democracia. El núcleo de esta concepción ética de la democracia es la idea de la libertad del individuo. Lo que nos iguala a todos los seres humanos, lo que legitima la simétrica distribución de deberes y de derechos que este régimen político implica, es el hecho de que somos concebidos como individuos autónomos, independientes y aislados unos de otros, capaces, cada uno por su propia cuenta, de decidir sobre los ideales o los intereses que deseamos perseguir. Este es el valor moral central sobre el que reposa la democracia o, al menos, esta primera concepción de la democracia. La familia, la sociedad, el Estado, más en general: todos los lazos culturales o comunitarios que puedan formar parte de nuestra vida, son secundarios, irrelevantes y hasta obstaculizadores de nuestra libertad individual. Porque ser libres es justamente ser libres de todo eso: de la tradición, de las convenciones, de las instituciones, de los otros individuos. Con razón ha llamado Isaías Berlín a esta idea de libertad la «libertad negativa». Es «negativa» en el sentido en que ella se define más por lo que rechaza que por lo que afirma. Lo que afirma es tan sólo la capacidad de decisión del individuo, instancia última de definición de la realidad, y lo que rechaza es la sujeción a cualquier dependencia. La libertad negativa es una libertad individualista, atomista, esencialmente desvinculada de las representaciones colectivas que suelen caracterizar a las identidades grupales o culturales.Si el eje de esta concepción ética es la idea de la libertad individual, entonces no es más que una consecuencia sostener que el Estado debe estar al servicio del individuo, o de la persona, lo que en buena cuenta significa que debe garantizar el libre despliegue de los intereses particulares en la sociedad. La libertad del individuo se traduce por eso en el libre ejercicio de la iniciativa privada, la sociedad en el juego de las fuerzas del mercado, el Estado en el garante de los beneficios que puedan obtener allí los individuos. El punto de vista del individualismo establece una jerarquía entre los intereses privados y las instituciones políticas, de acuerdo a la cual le corresponde a éstas últimas -a las instituciones políticas- la función de regular y administrar la división del trabajo que se genera espontáneamente por acción de los intereses de los individuos en la sociedad.Además de la libertad individual y de la subordinación del Estado a los intereses privados, esta concepción ética de la democracia promueve también la desarticulación o la desvalorización de las formas premodernas de organización social, familiar, religiosa o cultural.Este rasgo, expresado aquí en términos negativos, se formula naturalmente también en términos éticos positivos cuando se elogia la movilidad social derivada de la división del trabajo, cuando se defiende la autonomía del individuo en contra de los lastres de su tradición y cuando se considera como un ideal el que cada campesino pueda convertirse en consumidor, empresario o accionista. Si de esta manera, por la introducción indiscriminada del mercado, se llega a producir la desintegración de las comunidades culturales nativas, o si se pierden algunas de sus tradiciones, ello habrá de ser considerado como el costo inevitable del progreso y de la inserción en las redes económicas de la modernidad democrática.A este rasgo peculiar de desarticulación indirecta de la cohesión cultural por obra del mercado se le ha dado en llamar el «carácter transgresor de la democracia moderna» (Albrecht Wellmer).Finalmente, un último rasgo de esta concepción ética de la democracia que estoy comentando es su defensa consecuente de la neutralidad valorativa o del relativismo moral. Se trata, también en este caso, de un rasgo complementario de los anteriores. Porque, si el valor central de esta concepción es la libertad individual, y si las instituciones políticas son concebidas como medios al servicio de los intereses del individuo, entonces corresponderá al individuo solo decidir cuál ha de ser su propia escala de valores morales -bajo el supuesto, naturalmente, de que ésta no interfiera en la escala de valores de los otros individuos. La privacidad no es pues sólo una característica de las iniciativas y de los intereses, sino lo es también de la elección de los valores morales.En este modelo de democracia se promueve y se cultiva el relativismo moral, el cual debe ser a su vez garantizado por la deliberada neutralidad valorativa del Estado. El relativismo moral de la sociedad democrática no es pues en modo alguno un desarrollo defectuoso o una patología del sistema, sino, muy por el contrario, una forma moralmente genuina de defender el derecho de todos los individuos a ejercer su libertad, cada cual como mejor le parezca.Por la peculiar exaltación del relativismo que ello implica, Christopher Lasch ha caracterizado a este modelo de democracia con el nombre de «la cultura del narcisismo». Lo ha hecho, naturalmente, con una intención polémica, pero apoyándose sobre la reflexión que venimos haciendo, a saber: que el relativismo moral implícito en la democracia es la expresión consecuente del ideal personalista y egocéntrico que convierte a la autorrealización del individuo en el valor principal de la vida y que prescinde, por definición, de todos los vínculos comunitarios o solidarios con los otros individuos.Este narcisismo, que posee un carácter no sólo moral sino igualmente estético, ha llegado a fusionarse de tal modo con nuestros hábitos de comportamiento, que ya podemos hablar de él como un hecho cultural. Es la cultura del narcisismo, levantada sobre las bases del ideal de la libertad negativa.Hasta aquí llega mi primer punto, o mi primera tesis, que ha consistido en sostener que la ética de la democracia puede ser una ética del individualismo y la desintegración social. No es, naturalmente, la única concepción ética posible como sostén de la democracia. Pero es, sí, la más difundida y la que se pretende difundir también en nuestro país. Entre los especialistas en filosofía política, ella se conoce hoy en día como el modelo normativo liberal de la democracia. Es un modelo normativo, ético, porque establece una jerarquía de valores que prefigura la orientación que deben tomar las reglas del juego político. Es un modelo liberal porque concibe a la concertación política en función de los mecanismos económicos del mercado, y éstos a su vez en función de los intereses privados de los individuos.La democracia puede basarse pues sobre la concepción ética del liberalismo, y la defensa de la democracia puede también identificarse indirectamente con la defensa de este sistema económico. De esto han querido convencernos los intelectuales orgánicos del liberalismo, como Francis Fukuyama, y esto nos lo han impuesto además en la práctica los administradores del sistema económico liberal afincados en las grandes financieras internacionales. La implantación del liberalismo en nuestro continente ha influido notoriamente sobre el modelo de democracia que finalmente ha llegado a instaurarse. Con él, nos ha sido transmitida igualmente la ética del individualismo y la cultura del narcisismo.



II

Pero el liberalismo es, como todos sabemos, éticamente incestuoso. Esta es mi segunda tesis, que paso enseguida a desarrollar. El liberalismo es éticamente incestuoso porque se ha acostumbrado a vivir violando los principios que le sirven de fundamento y que le dan legitimidad. Los transgrede de diversas maneras, a nivel nacional y a nivel internacional; los viola por exceso y los viola también por defecto de sus reformas liberales.Como acabamos de ver, la concepción ética de la democracia liberal presupone como uno de sus principios fundamentales la igualdad de los individuos. Los miembros ideales de una sociedad liberal son justamente sólo eso: «individuos», no peones ni terratenientes, no blancos ni cholos, no católicos ni judíos, ni siquiera hombres o mujeres, sino sólo «individuos», es decir, sujetos racionales con intereses propios y capacidad de decisión. Esta igualdad es la fuente de legitimación del liberalismo, pues es sólo gracias a ella que puede justificarse el conjunto de leyes que ordena la estructura económica, el régimen de propiedad o el sistema educativo de una sociedad compuesta de individuos.En la práctica, sin embargo, el liberalismo suele violar el principio que le otorga legitimidad. Ello se debe a que el liberalismo no necesariamente crea las condiciones que él mismo presupone. Ocurre más bien que, cuando se implanta sobre una base social de discriminaciones ancestrales, el modelo liberal puede perpetuar las injusticias de la sociedad e impedir incluso una redistribución de la riqueza más acorde con sus propios principios igualitarios. En una sociedad tradicionalmente racista y desintegrada, el sistema liberal puede tener el efecto contraproducente de acentuar las desigualdades.A nivel internacional, el carácter incestuoso de la ética liberal se expresa al menos de dos maneras. De un lado, la sociedad democrática contemporánea transgrede el principio según el cual la legitimidad de las decisiones políticas debe reposar sobre la participación y el asentimiento de todos los involucrados, en la medida en que prescinde de la opinión de las grandes mayorías de los países de la periferia respecto de las grandes decisiones políticas, económicas o jurídicas que regulan en buena cuenta la vida internacional.Es obvio, hoy más que nunca, que las decisiones tomadas en los centros financieros, o en las grandes potencias, o en el seno de los nuevos organismos de integración regional, tienen repercusiones decisivas sobre la vida económica, social o política de muchos pueblos de la tierra.En sentido estricto, desde el punto de vista de la legitimación democrática del sistema político internacional, esas decisiones deberían contar con el asentimiento de los involucrados.Como éste no es, naturalmente, el caso, el sistema político internacional vive incumpliendo uno de sus principios fundamentales. Esta situación se agrava aún más cuando se tienen en cuenta las transformaciones políticas a las que ha conducido el proceso de globalización. Porque uno de los efectos principales de este proceso es justamente el desplazamiento, o quizás incluso la desaparición, de las instancias de decisión política a nivel internacional.La globalización es un proceso principalmente económico que ha ido imponiendo relaciones sistémicas en el mundo entero, al mismo tiempo que ha ido restándole atribuciones políticas a los estados nacionales. En este contexto, resulta cada vez más problemático el principio o el derecho de la participación democrática en las decisiones políticas, que es, sin embargo, uno de los principios de legitimación del propio orden internacional.De otro lado, es fácil constatar que también a nivel internacional se viola el principio de la igualdad que sirve de fundamento al propio sistema democrático liberal. Es más, la injusticia de facto del orden económico y el orden político internacionales se suele encubrir por medio de un discurso moral que legitima la posición de dominio de algunos países.Por el carácter formal que poseen, los principios del liberalismo sólo tienen vigencia plena en condiciones ideales de igualdad y bajo el supuesto de que las reglas de juego sean compartidas por todos. Pero ésa es naturalmente sólo una proyección ilusoria. En el mundo real, las condiciones de partida han sido y siguen siendo de desigualdad, de asimetría. La distribución de los bienes, de la riqueza, de las oportunidades y, sobre todo, de las decisiones económicas y políticas, es asimismo notoriamente desigual, y las reglas de juego vigentes no parecen sino perpetuar este orden, o este desorden, internacional.En nuestro propio país, el liberalismo está violando también sus principios constitutivos, y lo está haciendo, por así decir, tanto por exceso como por defecto de las reformas que implementa. Los viola por exceso de liberalismo cuando somete indiscriminadamente una sociedad desigual y pluricultural como la nuestra a las reglas de funcionamiento del mercado, pues de esa manera produce, como ya dijimos, un efecto contrario al que supuestamente desea obtener, es decir, contribuye a perpetuar las desigualdades y a desarticular la ya precaria cohesión de las diferentes comunidades culturales.Pero viola también sus propios principios constitutivos por defecto de liberalismo, es decir porque se colude con tradiciones antidemocráticas que nos son prácticamente atávicas, como el caudillismo y el militarismo. Manipula entonces a su antojo el sistema de reglas democráticas, se vale de prebendas para someter los poderes del Estado a la voluntad del caudillo, cambia arbitrariamente las reglas de juego que él mismo ha establecido. Ambos tipos de incesto moral se vienen practicando sistemáticamente en los últimos años.

III



Ante una situación como ésta, es decir, ante la propagación de la ética del individualismo y la desintegración social, y ante el carácter moralmente contradictorio del modelo neoliberal de la democracia, es preciso que recuperemos los valores y los principios democráticos que estamos viendo sometidos a una continua transgresión, y que aprendamos a distinguir más claramente entre la democracia y el liberalismo, es decir, que no nos sintamos obligados a defender al liberalismo cuando defendemos la democracia. Nos hace falta una concepción ética alternativa que sirva de sustento al proyecto democrático y que haga posible la preservación de los ideales que el liberalismo no es capaz de asegurar. Paso así a mi tercera y última tesis, que quisiera formular afirmando que necesitamos una ética de la solidaridad y de la participación ciudadana.Algunos de los rasgos de esta ética alternativa para la democracia han sido descritos también en los debates de la filosofía moral contemporánea, principalmente entre los autores llamados «comunitaristas», como Michael Walzer o Charles Taylor.También en este caso se trata de un modelo ético, normativo, que prefigura la orientación que han de tomar las reglas del juego político. Pero por contraste con el anterior, se le conoce como el modelo republicano de democracia.El término «republicano» contiene una alusión a la concepción política de Rousseau, y es utilizado con el propósito de destacar el carácter participatorio de la democracia que el modelo coloca en el primer plano. No voy a exponer aquí las tesis de los autores comunitaristas defensores de este modelo, sino voy a servirme libremente de ellas para proponer algunas características de la ética de la solidaridad que, me parece, debería servir de sustento al proyecto democrático en nuestro país.Para ello, retomemos los cuatro rasgos con los que caracterizamos la concepción ética del individualismo liberal y veamos, por contraste, qué debemos esperar de una ética de la solidaridad.En primer lugar, en oposición al paradigma del individualismo, que considera como valor central a la libertad egoísta del ser humano, esta nueva ética debería proponer un paradigma de la solidaridad y considerar como su valor central el cultivo de los múltiples vínculos comunitarios entre los seres humanos.Hay muchas razones, teóricas, morales y prácticas, que justifican este cambio de paradigma ético, a las que aquí sólo puedo aludir someramente.Desde el punto de vista teórico, hay buenas razones para cuestionar la artificialidad de la definición liberal del individuo como sujeto egoísta y aislado, y para proponer en su reemplazo una definición del individuo como miembro de diferentes tipos de comunidades de creencias.Desde el punto de vista moral, hay diferentes clases de motivación que concuerdan, todas, en solicitar nuestro compromiso ético en favor de quienes sufren injusticia: podemos pensar que debemos ser solidarios porque somos simplemente seres humanos, o porque somos cristianos, o porque somos racionales, o porque somos filántropos, pero lo importante es que busquemos en la solidaridad el punto de encuentro de nuestras concepciones morales.

Y, desde el punto de vista práctico, es preciso que pensemos en las repercusiones políticas que debiera tener un cambio de paradigma como éste. En particular, debemos pensar en la forma de compensar el desequilibrio social que genera la implantación de políticas económicas de corte liberal, a fin de impedir que éstas acentúen o perpetúen los privilegios de unas clases sobre otras. Un Estado democrático solidario debería, por ejemplo, ofrecer incentivos para favorecer el desarrollo regional, o para compensar las desigualdades estructurales que caracterizan a nuestra sociedad, y debería garantizar el acceso de todos a una educación escolar y superior de calidad, a sabiendas de que el mercado sólo contribuye en este caso específico a ahondar la brecha entre los peruanos ricos y los peruanos pobres. Más en general, un Estado democrático solidario debería contribuir a crear las condiciones de igualdad que el modelo liberal sólo presupone, y sin las cuales el discurso democrático termina por ser éticamente incestuoso.

Influencia del plan Visión Colombia 2019 en la pobreza y el crecimiento económico

Colombia es un estado in-equitativo en el cual las personas de bajos recursos para acceder a cualquier servicio público o privado se hace cada vez más difícil en comparación con los de altos recursos; el plan Visión Colombia 2019 pretende que la sociedad colombiana sea más equitativa por medio de una reducción de la pobreza, que ha su vez se ve reflejado en un buen crecimiento económico de nuestro país a largo plazo.



Los cuatro objetivos que se plantean para el desarrollo de este plan son:

  • Una economía que garantice mayor nivel de bienestar.
  • Una sociedad más igualitaria y solidaria.
  • Una sociedad de ciudadanos libres y responsables.
  • Un estado al servicio de los ciudadanos.

Para desarrollar estos objetivos según el plan "se espera reducir la pobreza de (45% a 15%) por medio de subsidios; aumentar el tamaño de la economía en 2.1 veces y lograr un nivel de inversión como porcentaje del PIB en 25%; reducir la tasa de desempleo a 5,0% (en 2004, la tasa promedio fue 13,6%); construir 3,9 millones de viviendas nuevas; reducir el homicidio a una tasa de 8 por 100.000 habitantes; consolidar un Estado funcionando por resultados; aumentar el espacio público en las ciudades de más de 100.000 habitantes de 4 a 10 m2 por habitante; integrar a Colombia al mundo con un papel articulador de bloques y grupos en el con­tinente, gracias a su privilegiada posición geográfica."[1]

En la economía colombiana para lograr los objetivos propuestos se necesita incrementar el ingreso por cada habitante y que estos se distribuyan de una manera más equitativa, entonces el acceso a los servicios públicos será más fácil para cualquier habitante; pero para esto se necesita primero que hayan más empresas privadas en el país, ya que estas son los mayores contribuyentes de impuestos hacia el estado para así este subsidiar más a los más necesitados para que accedan a dichos servicios.



Pero para que existan más empresas en nuestro país tendríamos que explotar más nuestros recursos potenciales y abrirnos más hacia el exterior ya que siguen entrando empresas y no aprovechamos nuestra posición geográfica ante el mundo para exportar, no seriamos capaz de consumir todo lo que produciríamos.

Un aumento en la producción originado por la entrada de empresas al país para subsidiar la pobreza generaría un buen crecimiento económico en Colombia ya que habría más empleo reduciendo así la tasa de desempleo y otorgando además dichos subsidios a los pobres (reduciendo la pobreza), la balanza comercial seria positiva es decir exportamos más gracias a nuestra facilidad geográfica, y al haber más empresas en nuestro país se reduce la posibilidad de importación ya que según mis palabras "tenemos de todo en Colombia" gracias a que hay más de donde escoger.

Las proyecciones que se tienen para que se cumpla dicho plan estarían dadas por un mediano y largo plazo, es decir para el mediano plazo (al 2010) la economía colombiana crecería al 5% anual y después del 2014 (largo plazo) lo tendría que estar haciendo al 6%, así la economía se duplicaría en términos del PIB es decir creceríamos 2,1 veces, aumentando así el salario por persona en el hacia el 2019 debería estar aproximadamente en US$3.811[2].



Otros influyentes para el desarrollo de este plan de disminución de pobreza y mayor equidad son "El escenario macroeconómico para el período 2006-2019 tiene como premisa que la inversión alcance el nivel de 25% del PIB al final del período y el ahorro doméstico au­mente hasta 23,9%, con un déficit de la cuenta corriente de 2,2% entre 2006 y 2010; y a partir de ahí reducirlo a 1,0% del PIB"[3]

En conclusión Colombia necesitaría de un gran apoyo de parte de los ciudadanos ya que deberíamos tener una mejor integración es decir una mejor colaboración entre nosotros para generar progreso y así contribuir en el desarrollo de este ambicioso plan.


[1] Departamento Nacional de Planeación," Visión Colombia 2019"

[2],3 Departamento Nacional de Planeación," Visión Colombia 2019"



Economía China

China va camino de convertirse en la primera potencia económica mundial, por mucho que a algunos les pueda parecer prematura esa previsión. Y desde luego, con un volumen de importaciones del orden de 1,7 billones de dólares durante el 2004, y una cifra que podría ser no menos del 10 por 100 mayor en el 2005, EEUU, no cabe duda, sigue siendo la locomotora económica mundial por su formidable demanda de energía y de toda clase de bienes.


Además, con un crecimiento de entre el 3,5 y el 4 por 100 en su PIB, la Unión se sitúa muy por delante de las demás economías desarrolladas, y sobre todo de Japón, y de los dos países centrales de la UE; Alemania y Francia, que alcanzarán en el 2005 poco más del 1 por 100 de expansión, con Italia incluso en incremento negativo.

Sin embargo, aunque por el tamaño de su mercado, sus necesidades de importación y su absorción de ahorro EE.UU. siga al frente de la economía mundial, la verdad es que China se ha convertido en la nueva pieza esencial de toda la trama planetaria de intercambios y crecimiento. Aunque no se trate, en contra de lo que dice The Economist, en su número del 30 de julio de 2005, de que China esté gobernando ya la economía universal. Por la sencilla razón de que para gobernar hacen falta instituciones de alcance global que el gran país asiático no tiene, al menos de momento.

Pero si no gobierna, sí es cierto que el impacto de China —y en menor medida los de India y la nueva Rusia— está cambiando el status quo económico internacional. Generándose una nueva jerarquía en el gobierno económico del mundo, que ya no va a fundamentarse en el hegemonismo estadounidense. Para percatarnos de lo que todo eso significa, veremos algunos de los rasgos principales de la nueva economía china en términos de incidencia en los principales aspectos de la realidad económica mundial.


? Para empezar, el país de Mao y de Hu Jintao se convertirá antes del 2010 en la primera potencia comercial, incluso por delante de la UE. Una previsión fácil de hacer, cuando las exportaciones e importaciones representan el 75 por 100 del PIB, siendo, pues, el comercio exterior la verdadera fuerza motriz del crecimiento. Por mucho que cada vez pese más la demanda de un mercado interior en ascenso acelerado. En ese sentido, otros grandes países tienen economías menos abiertas al exterior que China, como es el caso de India, Japón y Brasil, que se sitúan entre el 25 y el 30 por 100 de sus PIB.

? Actualmente, en el escenario mundial, van haciéndose frecuentes las críticas contra la agresividad comercial china, cuando lo cierto es que su balanza comercial se encuentra virtualmente equilibrada. Es decir, importa casi tanto como lo que exporta. Y para muchos países ofertantes de energía, alimentos, y materias primas (como Rusia, Venezuela, Brasil, Argentina, Chile, etc) el gran cliente oriental está contribuyendo de manera determinante a toda una serie de nuevos crecimientos. Debiendo explicitarse, en este pasaje, el hecho de que el gran excedente en la balanza de pagos de China se debe, en última instancia, a las fuertes entradas de capital para inversiones directas (FDI); sin olvidar el turismo en rápida evolución ascendente, y las trasferencias que al continente hacen muchos millones de chinos emigrados.

? Es de prever que demográficamente, China, con 1.350 millones de habitantes crecerá en el futuro con más rapidez que en el pasado, por la menor observancia de la política de “un solo hijo por pareja”. En otras palabras, el lento pero imparable proceso de democratización podría acabar rompiendo los frenos al natalismo. Como también ciertas tendencias demográficas van a influir en un cambio así, especialmente si se registra aquí el dato de que el desequilibrio de la sexo-ratio, que hoy en día luce, en los estratos entre 0 y 30 años, en un 20 por 100 menos de mujeres que hombres.


? Por lo demás, siguiendo en la demografía, China es la primera potencia mundial en términos de población con sus ya mencionados 1.350 millones de habitantes (sin contar los 25 de Taiwán, los 10 de Hong Kong y Macao, y los 80 de chinos de ultramar). Con la particularidad de que a diferencia de EE.UU., Japón, e incluso Rusia, Brasil e India, la República Popular tiene la más alta proporción de reservas de fuerza de trabajo de cara al futuro, con al menos de 350 a 400 millones de personas; que todavía viven ligadas al mundo rural y que progresivamente irán pasando a las actividades secundarias y terciarias. Con un recorrido, pues, seguramente doble del ya realizado desde que en 1978 Deng Xiaoping desbloqueara el letargo de la economía con sus cuatro grandes modernizaciones.

Aquí se acaba la primera entrega de la miniserie. Queda mucha tela que cortar, incluso con la autolimitación de espacio que nos hemos impuesto para este relato en plena canícula estival. Seguiremos en contacto, queridos amigos de Estrelladigital para el segundo artículo la próxima semana.

Fuente: http://blogs.periodistadigital.com/tamames.php

Licencia de este artículo: http://creativecommons.org/licenses/by/2.0/

(algunos derechos reservados)



Conceptos de Pobreza - Amartya Sen

Reflexión crítica sobre las ideas de Amartya K. Sen


“La economía política anterior partía de la riqueza supuestamente engendrada para las naciones por el movimiento de la propiedad privada, para llegar a sus consideraciones apologéticas sobre este régimen de propiedad. Proudhon parte del lado inverso, que la economía política encubre sofísticamente, de la pobreza engendrada por el movimiento de la propiedad privada, para llegar a sus consideraciones, que niegan este tipo de propiedad”. Karl Marx. La Sagrada Familia.

Cuando leí por primera vez el trabajo de Amartya Sen sobre los conceptos y las medidas de la pobreza, me quedé sorprendido de saber que hubiera dudas acerca de la definición de la pobreza. De hecho el propio Sen declara que coincide con la siguiente afirmación de Martín Rein: “casi todos los procedimientos utilizados en la definición de la pobreza como nivel de subsistencia se pueden cuestionar razonablemente”. Aquí la razón parece tener carácter impersonal y ser ajena a los intereses de clase. Seguro que si Rein y Sen vivieran con unos ingresos inferiores al salario mínimo, carecerían de cualquier duda acerca de la definición de la pobreza. Sabrían establecer con mucha holgura el nivel de subsistencia digno para un ser humano.

En la definición de la pobreza hay que tener en cuenta los intereses de clase y no engañar a la gente con un falso objetivismo abstractamente humano. Cuando se discute sobre el salario mínimo, los trabajadores quieren que sea lo más alto posible y los capitalistas que sea lo más bajo posible. No es un problema de abstracta objetividad el determinar el salario mínimo, sino un problema de intereses. Igual ocurre con la determinación del concepto de pobreza.

Después, cuando estudié más detalladamente el trabajo de Sen, observé dos claros errores: uno, en ningún momento expuso la génesis de la pobreza, y dos, elaboró el concepto de pobreza sin incluir una crítica a la riqueza. En un mundo como el de hoy, donde mueren cada día 20.000 personas de hambre, resulta inadmisible que un economista de la talla de Amartya Sen sea tan poco revolucionario en su concepción sobre la pobreza. No entiendo cómo se puede ser tan metafísico: hablar de la pobreza sin vincularla con su contrario: la riqueza. Como tampoco entiendo que se pueda ser tan superficial: hablar de la pobreza sin vincularla con su fondo oculto: la propiedad privada sobre los medios de producción.


No nos dejemos engañar ni confundir

Juan Morales Ordóñez, en su trabajo titulado Dimensión Ética en el Discurso Económico. Reflexiones sobre el pensamiento de Amartya Sen, se expresa en los siguientes términos: “Amartya Sen comprende la problemática mundial en los términos mencionados y se remite al pensamiento de Adam Smith, considerado el padre de la teoría económica contemporánea, para fundamentar sus propias reflexiones. Smith, en su obra maestra Investigaciones sobre la naturaleza y causa de la Riqueza de las Naciones, plantea que en economía de deben respetar principios y valores. Afirma que dondequiera que haya una gran riqueza habrá una gran desigualdad. “Todo para nosotros y nada para los demás parece haber sido la ruin máxima de cuantos han gobernado a la Humanidad”, es otra de las afirmaciones del gran pensador escocés. Hoy la situación parece ser la misma que en la época en la cual escribió Smith, el siglo XVIII. Es que esta manera de actuar forma parte de la naturaleza de los seres humanos. Así como también forma parte de la condición humana la búsqueda de la justicia, la igualdad y la felicidad para todos”.

Si hoy, en los inicios del siglo XXI, se da la misma situación que en el siglo XVIII, todo para unos pocos y nada para los muchos, queda probado que en la economía capitalista no se respetan los principios y los valores de la igualdad y de la humanidad. Así que proclamar con Amartya Sen que la economía capitalista se debería conducir por principios éticos, es una proclama idealista que en nada ayuda a la liberación de los pobres. Si ya en el siglo XVIII el principal representante teórico de la burguesía, Adam Smith, veía con malos ojos que unos pocos tuvieran mucha riqueza y los muchos poca, no puede pretender Amartya Sen hacerse pasar por progresista y representante de los pobres defendiendo la misma consigna. Primero, porque es una idea vieja, y segundo, porque es la idea de un burgués.

Cuando Smith dice “todo para nosotros y nada para los demás”, “nosotros” son los capitalistas y “los demás” son los trabajadores. Y cuando dice “donde hay una gran riqueza”, hay que precisar que la gran riqueza sólo se da en manos de los capitalistas. Y esta contradicción, que unos pocos tengan riqueza en exceso y la mayoría tengan poca, ha estado presente en todos los modos de producción de riqueza que han precedido al capitalista: los esclavistas y los señores feudales han tenido riqueza en exceso, mientras que los esclavos y los siervos han vivido en la escasez. Así que no entiendo por qué Morales Ordóñez afirma que esta desigualdad forma parte de la naturaleza humana, cuando más preciso sería decir que hasta ahora la sociedad se ha dividido en clases, donde una de ellas explota a la otra. De manera que la solución a las diferencias de clases, esto es a las desigualdades, estriba, no en introducir principios éticos, sino en no permitir que una clase se apropie del trabajo de la otra. Y para ello, para evitar que nos hombres exploten a los otros, la propiedad sobre los medios de producción debe ser mayoritariamente pública.

Esconder que la causa de la desigualdad entre las personas es la propiedad privada sobre los medios para producir la riqueza, por medio de frases como “los que han gobernado hasta ahora a la Humanidad se han guiado por el principio ético de todo para nosotros y nada para los demás”, es puro idealismo. Se quiere dar a entender que se puede seguir manteniendo el modo de producción capitalista, donde rige el principio de la explotación del hombre por el hombre, y, sin embargo, tener unos gobernantes que eviten que los pocos tengan mucha riqueza y los muchos poca. Pero es un engaño, un engaño que dura más de doscientos años. Y Amartya Sen, con esa apariencia de neutralidad y de bonachón que tiene, es el continuador de ese engaño.

Deseo y dinero


En el discurso de apertura del lanzamiento del nuevo informe La infraestructura al servicio de los pobres elaborado por el PNUD y el gobierno de Japón, Amartya Sen se lució con estas palabras: “Una perspectiva de la pobreza exclusivamente centrada en los ingresos pasa inevitablemente por alto muchos aspectos importantes de la causalidad de la pobreza. La pobreza puede considerarse la privación de la verdadera libertad de la persona para vivir de la forma en que con toda razón desea vivir”. Es inadmisible que Amartya Sen se permita estos idealismos con lo dura y terrible que es la realidad para miles de millones de personas. Nos habla de que cada persona con toda razón desea vivir de una determinada forma. Y llama pobre a quien se le prive de esa libertad. De manera que hasta una persona millonaria que no pueda vivir como desea o no pueda vivir enteramente como desea, sería pobre. Puesto que puede haber una persona que tenga mucho dinero pero no el suficiente para ser propietario de una isla, que es su deseo. Y como no vive como desea, es pobre.

El poder social fundamental en el mundo de hoy es el dinero. Esto es una verdad que Amartya Sen en calidad de economista debería saber muy bien. Todo el mundo lo sabe; y si él lo ignora o hace como si no lo supiera, sus razones de clase tendrá. La única manera en que los seres humanos puedan vivir como desean, es teniendo el dinero necesario para vivir como desean. Pero si los pobres no tienen dinero o tienen muy poco, no podrán vivir como desean. Mientras que los ricos al tener mucho dinero, más incluso del que necesitan, podrán vivir como desean o se podrán aproximar a vivir como desean. Así que hablar del modo en que se desea vivir sin hablar del medio que hace realidad los deseos, esto es, la cantidad de dinero que se posee, es un engaño.

Hacer extenso los conceptos para borrar las diferencias de clase

En su trabajo Las distintas caras de la pobreza, publicado en El País el 30 de agosto del 2000, Amartya Sen se expresa en los siguientes términos: “Aquellos a quienes les gusta el camino recto tienden a resistirse a ampliar la definición de pobreza. ¿Por qué no mirar simplemente los ingresos y plantear preguntas como “cuántas personas viven con menos, digamos, de uno o dos dólares diarios”? Este análisis restringido toma entonces la forma sencilla de predecir tendencias y contar a los pobres. Pero las vidas humanas se pueden empobrecer de muchas maneras. Los ciudadanos sin libertad política –ya sean ricos o pobres- están privados de un componente básico del buen vivir. Lo mismo se puede decir de las privaciones sociales como el analfabetismo, la falta de sanidad, la atención desigual a los intereses de las mujeres y las niñas, etcétera”.

¡Que forma de confundir y engañar! Si yo elaboro el concepto de mesa y después el concepto de silla, podremos distinguir la mesa de la silla. Pero si yo elaboro el concepto de mueble, por medio de dicho concepto no se puede diferenciar la silla de la mesa, puesto que el concepto de mueble supone hacer abstracción de los rasgos que diferencian las sillas de las mesas. Del mismo modo procede Amartya Sen: primero, determina la privación como el contenido principal del concepto de pobreza, y segundo, declara que un rico en un régimen autoritario al estar privado de libertad política es también un pobre.

Amartya Sen habla como si la política no tuviera nada que ver con la economía, como si no hubiera un estrecho parentesco entre los intereses económicos de la clase dominante y la superestructura política. Nos quiere hacer creer que un rico de un sistema capitalista bajo un régimen fascista es pobre porque carece de libertad política. Cuando justamente gracias a ese régimen fascista el capitalista tiene la manos más libres para explotar a los trabajadores mucho más aún que en un régimen democrático. Por otra parte, nos quiere hacer creer que en la democracia capitalista el poder del Estado es ajeno al mayor de los poderes sociales: el dinero. Para ejercer la libertad política, muy especialmente en EEUU, hay que tener dinero. Así que es un engaño poner el nivel de ingreso como algo distinto del poder político. El poder político de una persona es directamente proporcional a su poder económico. Así que en política los pobres siguen siendo pobres y los ricos siguen siendo ricos.

Amartya Sen habla del nivel de ingreso como algo distinto de la atención sanitaria, de la educación y de la cultura. Cuando lo cierto es que las personas que tienen mucho dinero pueden pagar el colegio de sus hijos, comprar los servicios sanitarios que necesiten, y viajar, conocer a otros pueblos y visitar museos. Mientras que las personas que tienen un bajo nivel de ingreso, se ven en muchas dificultadas para darles una oportunidad de estudio a sus hijos y atenderlos sanitariamente como necesitan. Y viajar, conocer otros pueblos y visitar museos en el extranjero, a todo esto tienen que renunciar. Así que es un engaño plantear que la pobreza en el ámbito de los ingresos es distinto a la pobreza en el ámbito educativo, sanitario y cultural. Así que no otra cosa pretende Amartya Sen al hacer tan extenso el concepto de pobreza: borrar las abismales diferencias que hay entre los capitalistas y los trabajadores.

La privación como esencia principal en el concepto de pobreza

Un concepto podemos entenderlo como una caja vacía donde por fuera ponemos un nombre y dentro diversos contenidos. Según parece la gran aportación de Amartya Sen al concepto de pobreza está en haberle proporcionado “un nuevo y trascendental contenido”, el de privación. Se trata de no darle prioridad al contenido de nivel de ingreso, sino al de privación. Y dentro de las privaciones la mente aguda de Sen destaca estar privado de libertad política, de educación y de asistencia sanitaria. Qué curioso que al enumerar las privaciones como contenido esencial del concepto de pobreza, Amartya Sen no enumere el esencial: estar privado de los medios para producir riqueza. Qué curioso que hable de la pobreza sin mencionar para nada la propiedad. Yo creo que Amartya Sen es un burgués de tomo y lomo que habla de los pobres para defender el estatus de los ricos, que habla de los pobres sin cuestionar de raíz el estilo de vida de los ricos.

¿La pobreza es una cosa extraña?

A partir de aquí todas las citas de Amartya Sen están contenidas en su trabajo Sobre Conceptos y medidas de Pobreza, accesible en la red a través de EMVI. Escuchemos a Amartya Sen: “En su lecho de muerte, en Calcuta, J.B.S. Haldane escribió un poema llamado El cáncer es una cosa extraña. La pobreza no es menos extraña. Considérese la siguiente visión sobre ella:”. Dicha visión es la de M. Rein, quien plantea que el problema de la pobreza no está tanto en los propios pobres como en la sociedad que lo sufre.

Afirmar que la pobreza es una cosa extraña en virtud de una concepción reaccionaria de la misma, como la de M. Rein, sólo puede significar que Amartya Sen cede ante los reaccionarios. De todos modos el economista indio debió precisar más su concepción de que la pobreza es una cosa extraña. Una de las labores básicas de los filósofos es someter a crítica los conceptos circulantes y no tomarlos tal y como los emplea la sociedad.

Yo creo que la pobreza no tiene nada de extraña, todo lo contrario: es habitual, regular, casi cotidiana. Tampoco son extrañas las causas que la producen: carecer de trabajo, la sobreexplotación, el enriquecimiento de unos pocos, la propiedad privada sobre los medios de producción, las desgracias naturales, etcétera. Así que ni bajo el punto de vista de su historia ni de sus causas la pobreza es una cosa extraña. Mantener lo contrario es ceder ante el pensamiento reaccionario.

Los pobres y el dolor causado a la sociedad

Amartya Sen da la palabra a M. Rein: “A las personas no se les debe permitir llegar a ser tan pobres como para ofender o causar dolor a la sociedad. No es tanto la miseria o los sufrimientos de los pobres sino la incomodidad y el costo para la comunidad lo que resulta crucial para esta concepción de la pobreza. La pobreza es un problema en la medida en que los bajos ingresos crean problemas para quienes no son pobres”. La única critica que le formula Amartya Sen a M. Rein es la siguiente: “Es difícil reducir más a los seres humanos a la categoría de medios”. No deja de ser una crítica débil, cauta, nada arriesgada. M. Rein es un reaccionario y un vocero del sector más inhumano de la clase explotadora. El solo hecho de darle cabida en su discurso, nos da una idea de la verdadera catadura moral de Sen. Bueno sería preguntarse por qué Amartya Sen en vez de prestar atención al reaccionario de Rein no le presta atención al revolucionario de Proudhon. La respuesta es sencilla: Sen está más cómodo cerca de los reaccionarios que de los revolucionarios. Así se ve con claridad a qué clase social sirve con su pensamiento. Después se verán con más detalles los límites de la concepción reaccionaria de Rein.

La visión de clase

Hablar en términos de clases es muy distinto que hablar en términos de ciudadanos o de seres humanos. La representación que nos hacemos del mundo es distinta. En la concepción de Amartya Sen los pobres están en un lado y los no pobres en otro lado, y la relación que existe entre ellos es puramente externa. Y lo que busca Amartya Sen es que los ricos se apiaden de los pobres y permita que el Estado los socorra. Y para ello les hace creer que hasta los ricos que carecen de libertades políticas o los ricos con pocos estudios también son pobres. Mientras que con la visión de clase las cosas cambian notablemente. La sociedad se divide en dos clases bien diferenciadas: los que son propietarios de los medios de producción y los que no lo son. Y dentro de los que no son los propietarios están los que trabajan y los que están en el paro. Y dentro de los que están en el paro están los pobres. Así que los pobres forman parte de la clase trabajadora. De manera que cuando se mide el grado de explotación de la clase trabajadora, debe incluirse a los pobres.

Requisitos de un concepto de pobreza

Escuchemos a Amartya Sen: “El primer requisito para conceptuar la pobreza es tener un criterio que permita definir quién debe estar en el centro de nuestro interés. Especificar algunas “normas de consumo” o una “línea de pobreza” puede abrir parte de la tarea: los pobres son aquellos cuyos niveles de consumo caen por debajo de estas normas, o cuyos ingresos están por debajo de esa línea. Pero esto lleva a otra pregunta: ¿El concepto de pobreza debe relacionarse con los intereses de: 1) sólo los pobres: 2) sólo los que no son pobres, o 3) tanto unos como otros?”

No ve usted, atento lector, cómo Amartya Sen al formular esta segunda pregunta cae en el juego del pensamiento reaccionario de M. Rein, hasta el punto, cómo tendrá oportunidad de ver después, de darle en parte la razón. ¿No es evidente que es el colmo del pensamiento escolástico y formal transformar en un problema la pregunta sobre quién debe recaer el concepto de pobre? ¿No es un exceso de formalismo y superficialidad atreverse a preguntar si el concepto de pobre debería abarcar a los no pobres o tanto a los pobres como a los ricos? Yo creo que sí. Amartya Sen es odiosamente formalista en algo tan grave y tan duro.

Amartya Sen descarta sin más la opción 2), la que afirma que el concepto de pobreza debe alcanzar a los no pobres. No obstante, simpatiza un poco con la opción 3), aquella que dice que el concepto de pobreza debe alcanzar tanto a los pobres como a los ricos, hasta el punto de que llega a afirmar: “Sin duda, la penuria de los pobres afecta al bienestar de los ricos. La verdadera pregunta es si estas consecuencias se deberían incorporar como tales en el concepto de pobreza, o figurar como posibles efectos de la pobreza”. Aquí Amartya Sen muestra a todas luces que bajo su piel de cordero hay un lobo capitalista. Lo cierto es que la desmesurada riqueza es causa de la extrema pobreza, de manera que en este sentido en el concepto de pobreza si debemos incluir a los ricos. Los ricos son ricos gracias a que los pobres son pobres, gracias a que los primeros se apropian del trabajo de los segundos. Pero Amartya Sen ha invertido la relación de causa y efecto que hay en los hechos: presenta a los pobres causando efectos en el bienestar de los ricos, mermando el bienestar de los ricos. Y esto lo convierte en un lobo capitalista.

La tasa de incidencia

A pesar de que descarta la primera opción y coquetea con la tercera, Amartya Sen termina afirmando que “el foco del concepto de pobreza tiene que ser el bienestar de los pobres como tales, sin importar los factores que lo afectan”. Después de esta “gran conclusión” Amartya Sen dice lo siguiente: “La pobreza se expresa como la relación entre el número de pobres y la población total de la comunidad. Esta tasa de incidencia (H) tiene por lo menos dos serias limitaciones. En primer lugar, no da cuenta de la magnitud de la brecha de los ingresos de los pobres con respecto a la línea de pobreza. En segundo lugar, es insensible a la distribución del ingreso entre los pobres”. No niego la importancia económica que tiene estas dos limitaciones, pero no deja de ser sospechoso que no hable de la brecha que hay de los ricos respecto de la línea de pobreza y de la diferencia de ingresos entre los no pobres. Así la visión sería enteramente global.

El enfoque biológico

Escuchemos a Amartya Sen: “En su famoso estudio de principios de siglo sobre la pobreza en York, Seebonm Rowntree definió las familias en situación de pobreza primaria como aquellas cuyos ingresos totales resultan insuficientes para cubrir las necesidades básicas relacionadas con el mantenimiento de la simple eficiencia física”. A esta concepción Amartya Sen le plantea tres objeciones: una, en virtud de las diferencias climáticas y hábitos de trabajo los requerimientos nutricionales básicos son difíciles de establecer con precisión, dos, la conversión de los requerimientos nutricionales mínimos en requerimientos mínimos de alimentos tan bien es difícil de precisar, puesto que dependen de los hábitos de consumo de las personas, y tres, resulta difícil definir los requerimientos mínimos para los rubros no alimentarios. Así que Amartya Sen concluye: “En vista de estos problemas, bien se puede coincidir con Martín Rein, cuando afirma que casi todos los procedimientos utilizados en la definición de la pobreza como nivel de subsistencia se pueden cuestionar razonablemente”.

Yo creo que estos problemas no se dan cuando se estudian los requerimientos nutricionales de los animales que hay en un zoológico. No creo que se deba buscar una estricta precisión matemática y que los pobres merecerían un trato más humano que la que se les confiere a los animales. Amartya Sen suele hablar mucho de la libertad en relación con la pobreza; pues bien, que se le de la libertad a los pobres para que ellos digan cuáles y cuántos son los medios de subsistencia que necesitan para vivir con dignidad. Seguro que si a una persona con mucho dinero le preguntáramos con cuánto dinero debería vivir su hijo para llevar una vida digna, esa cuantía sería muchísima más grande que si se lo preguntáramos a un pobre. Así que no hay nada de difícil en la precisión de los requerimientos nutricionales básicos como tampoco lo hay en los alimentos en que habría que convertir esos requerimientos. No es un problema de precisión, es un problema de intereses.

El enfoque de la desigualdad

Después de que Millar y Roby afirmaran que “enunciar los problemas de la pobreza en términos de estratificación supone concebir la primera como un problema de desigualdad”, Amartya Sen hace la siguiente valoración: “Es claro que hay mucho que decir a favor de este enfoque. No obstante, cabe argüir que la desigualdad es fundamentalmente un problema distinto de la pobreza. Analizar la pobreza como un problema de desigualdad o viceversa no le haría justicia a ninguno de los dos conceptos. Obviamente, la desigualdad y la pobreza están relacionadas. Pero ninguno de los conceptos subsume al otro”. Es obvio que Amartya Sen no cesa de pensar de forma escolástica, con los rudimentos de la lógica formal, quedando muy lejos del materialismo histórico y dialéctico.

Escuchemos a Aristóteles en tres ocasiones en su obra La Política. Primero en el capítulo VI, titulado Idea general de la República, donde dice: “Tres elementos se disputan en el Estado la igualdad: la libertad, la riqueza y el mérito”. Escuchémoslo por segunda vez en el capítulo IV titulado Examen de la constitución propuesta por Fáleas de Calcedonia: “Para muchos el punto capital parece ser la organización de la propiedad, origen único, a su parecer, de las revoluciones. Fáleas de Calcedonia es el que, guiado por este pensamiento, ha sido el primero que ha sentado el principio de que la igualdad de fortuna entre los ciudadanos era indispensable”. Y tercero, en este mismo capítulo, dice esto otro: “Ya he dicho que Platón, en el tratado de las leyes, permitía la acumulación de la riqueza hasta cierto límite, que no podía pasar en ningún caso del quíntuplo de un minimun determinado”.

Resulta asombroso que Fáleas de Calcedonia y Platón, dos esclavistas, tengan un pensamiento más revolucionario que el de Amartya Sen. Esto nos da una idea de hasta que punto se han vuelto conservadores e incluso reaccionarios los representantes teóricos de la burguesía actual. También nos da una idea de lo formal y poco profundo que es el pensamiento filosófico moderno, en especial el empirismo y el positivismo, al que está fuertemente abrazado Amartya Sen.

Las grandes diferencias económicas entre los hombres generan luchas sociales. Que estas luchas sociales se transformen en revoluciones dependen de más aspectos que sólo las diferencias económicas. De todos modos, es sabio el pensamiento de Fáleas de Calcedonia cuando afirma que la igualdad de fortuna evitaría las revoluciones o luchas sociales. También es sabio el pensamiento de Platón cuando plantea que para evitar las grandes diferencias económicas entre los hombres hay que establecer un tope máximo de riqueza. E igualmente es sabio el pensamiento de Aristóteles cuando afirma que la riqueza es uno de los tres aspectos que se disputan la igualdad en el Estado. Afirmar, como hacer Amartya Sen, que la desigualdad es un problema fundamentalmente distinto de la pobreza es un puro formalismo, hacerle el juego a la burguesía y situarse más atrás que los grandes filósofos de la época de la Grecia clásica.

La revolución burguesa y con ella el Estado de derecho estableció la igualdad política entre los hombres. Todos los hombres son iguales ante la ley independientemente de su fortuna, sexo y creencia religiosa. Es una igualdad que se basa en la abstracción de las diferencias de riqueza. Esa es su grandeza y esa es su limitación. Es grande si comparamos la revolución burguesa con la sociedad feudal, pero su limitación se muestra en su comparación con el socialismo, una sociedad donde no sólo se pretende que los hombres sean políticamente iguales, sino también económicamente iguales. No hablo ni planteo la igualdad absoluta, pero si una igualdad relativa. Es lógico y razonable que una persona en función de su trabajo gane cinco veces más que el trabajador que vive del salario base, ahí nos mantenemos dentro de los parámetros de la igualdad relativa, lo que no es lógico es que gane cincuenta, cien y mil veces más.

Privación relativa

Escuchemos a Amartya Sen: “El concepto de privación relativa se ha utilizado con buen fruto para analizar la pobreza, sobre todo en la literatura sociológica. Ser pobre tiene mucho que ver con tener privaciones y es natural que, para un animal social, el concepto de privación sea relativo. Si embargo, en el término privación relativa están contenidas, al parecer, nociones distintivas y diversas.

Una distinción tiene que ver con el contraste entre sentimientos de privación y condiciones de privación. Peter Townsend ha sostenido que la última sería una mejor acepción. Hay mucho que decir a favor de un conjunto de condiciones concretas que permitieran usar el término privación relativa en un sentido objetivo para describir situaciones en las cuales las personas poseen cierto atributo deseable, menos que otras, sea ingreso, buenas condiciones de empleo o poder.

Por otra parte, la elección de las condiciones de privación no puede ser independiente de los sentimientos de privación. Los bienes materiales no se pueden evaluar, en este contexto, sin una referencia a la visión que la gente tiene de ellos; incluso si los sentimientos no se incorporan de manera explícita deben desempeñar un papel implícito en la selección de los atributos.

Estos diferentes aspectos relacionados con la idea general de privación relativa influyen de modo considerable en el análisis social de la pobreza. Sin embargo, vale la pena señalar que tal enfoque no puede ser, en realidad, la única base del concepto de pobreza. Una hambruna, por ejemplo, se considerará de inmediato como un caso de pobreza aguda, sin importar cuál sea el patrón relativo dentro de la sociedad. Por lo tanto, el enfoque de privación relativa s complementario, y no sustitutivo, del análisis de la pobreza en términos de desposesión absoluta”.

Enumeremos las genialidades aportadas por Sen en la elaboración del concepto de privación. Una, el concepto de privación ha dado muchos frutos en sociología, dos, para un animal social el concepto de privación tiene que ser relativo, tres, en el concepto de privación hay dos aspectos que distinguir: condiciones de privación y sentimientos de privación. Cuatro, el término de privación relativa puede ser usado para describir que las personas poseen ciertos atributos, como ingreso, empleo o poder. Quinto, la elección de las condiciones de privación no puede ser independiente de los sentimientos de privación. Y sexto, el enfoque de la privación relativa es complementario del enfoque de la desposesión absoluta.

Es obvio que este pensamiento es extremadamente formal, exageradamente vago, no ahonda para nada en el análisis de la pobreza; y las distinciones que establece para el concepto de privación son muy banales. ¿Qué sabemos de nuevo acerca de la pobreza con esta aportación de Amartya Sen? Nada. Es más, es una forma de distraer a los intelectuales, engatusarlos con palabras generales, rehuyendo lo concreto. La economía, incluso cargándola de ética, trata de la riqueza. Y si trata de la riqueza, trata de los medios para producir la riqueza. Y si trata de los medios para producir la riqueza, debe tratar de la propiedad sobre dichos medios. ¿Por qué afirmo que el pensamiento de Amartya Sen es extremadamente formal? Porque hablando de privación no habla de la principal privación que habría que hablar en economía: la privación de medios para producir riqueza. Escamotear esta cuestión fundamental y decisiva, esquivarla continua y regularmente, es una manifestación de que Amartya Sen sirve a los intereses de los capitalistas.

El concepto de pobreza como fruto de una convención

Escuchemos a Amartya Sen: “Como ha dicho Eric Hobsbawm, la pobreza se define siempre de acuerdo con las convenciones de la sociedad donde ella se presente. Hace más de doscientos años Adam Smith expuso el punto con gran claridad: “Por mercancías necesarias entiendo no sólo las indispensables para el sustento de la vida, sino todas aquellas cuya carencia es, según las costumbres de un país, algo indecoroso entre las personas de buena reputación, aún entre las de clase inferior”. En el mismo espíritu, Karl Marx sostenía que si bien es cierto que hay un elemento histórico y moral en el concepto de la subsistencia, aún así, en un país determinado y en un periodo determinado, está dado el monto promedio de los medios de subsistencia necesarios. Es posible que Smith y Marx hayan sobrestimado el grado de uniformidad de opiniones en una comunidad en torno al contenido de la subsistencia o la pobreza. Acaso la descripción de necesidades diste mucho de ser ambigua. Pero la ambigüedad de una descripción no la convierte en un acto descriptivo sino sólo en uno de descripción ambigua”.

Vuelve aquí a repetirse el exacerbado formalismo de Amartya Sen. Cree que el nivel de subsistencia alcanzado por los trabajadores, el salario mínimo, es fruto de una convención o de un acto descriptivo llevado a cabo por un despierto intelectual, cuando en realidad es fruto de luchas históricas. E incluso tiene la desfachatez de catalogar de ambiguo el nivel mínimo de subsistencia, esto es, el salario mínimo. Amartya Sen es descaradamente burgués por todos los costados.

El planteamiento de Marx en torno al nivel de subsistencia o valor de la fuerza de trabajo

Escuchemos a Marx en El Capital, en la sección Compra y venta de la fuerza de trabajo: “Si el propietario de la fuerza de trabajo ha trabajado hoy, tiene que poder repetir mañana el mismo proceso en las mismas condiciones de fuerza y salud. Así, pues, la suma de medios de subsistencia tiene que ser suficiente para mantener al individuo trabajador como individuo trabajador en su estado normal de vida. Las necesidades naturales, como la alimentación, el vestido, la calefacción, la vivienda, etcétera, varían según el clima y otras condiciones naturales de cada país. Por otro lado, el volumen de las llamadas necesidades naturales, así como el modo de satisfacerlas, son un producto histórico y, por lo tanto, depende en su mayor parte del nivel cultural de un país, y entre otras cosas, también y esencialmente, de las condiciones, los hábitos y las exigencias con que se haya formado la clase de los obreros libres. En contraste con las otras mercancías, la determinación del valor de la fuerza de trabajo contiene, pues, un elemento histórico y moral. Sin embargo, en un país y en un periodo determinado viene dado el promedio de los medios de subsistencia necesarios”.

Enumeremos las ideas principales de Marx. Una: el volumen de las necesidades naturales y su modo de satisfacerla son un producto histórico y no el resultado de una convención. Dos: el volumen de las necesidades naturales depende del nivel cultural de cada país y de los hábitos, condiciones y exigencias con que se haya formado la clase de los obreros libres. Tres: la determinación del valor de la fuerza de trabajo, a diferencia del resto de las mercancías, contiene un elemento histórico y moral. Y cuatro: en un país y en un periodo determinado viene dado el promedio de los medios de subsistencia necesarios. Y esta cuarta determinación no tiene nada de ambigua: lo expresa el salario base. Y el salario base es un fruto histórico, un fruto de la lucha de la clase obrera, un fruto de sus exigencias. También es un fruto de la resistencia y de la lucha de la clase capitalista. Todo menos una convención o un acto de descripción intelectual.

Los pobres y la libertad

Alejandro Schtulmann, autor de un comentario sobre el libro de Amartya Sen titulado Desarrollo y libertad, dice lo siguiente: “Sen da comienzo a su libro exponiendo que a pesar de los incrementos sin precedente en riqueza global, el mundo contemporáneo niega las libertades más básicas a un gran número –si no es que la mayoría- de sus habitantes. En algunos casos, señala el autor, la falta de estas libertades puede ser directamente relacionada con la pobreza económica, que priva a la gente de la libertad para satisfacer el hambre, lograr un nivel adecuado de nutrición, obtener las medicinas y los medios necesarios para tratar enfermedades, o la oportunidad de disfrutar agua o instalaciones sanitarias”.

Amartya Sen pone aquí en práctica algunos trucos conceptuales que bien merecen ser puestos al descubierto. Cuando Sen se pregunta ¿quién es el que niega a la mayoría de los habitantes del mundo sus libertades básicas? Responde de un modo extremadamente genérico y escurridizo: el mundo contemporáneo. Es tan cobarde o tan burgués que es incapaz de nombrar de forma concreta a los responsables de la falta de libertades básicas en el mundo. No hay que ser muy sabio para saber que son los grandes capitalistas, los grandes financieros, las grandes oligarquías.

Hablemos de otro truco. A nadie se le ocurriría plantear que la necesidad de alimentarse se puede representar como la libertad para satisfacer el hambre. Todos sabemos que el reino de la libertad empieza cuando se tienen cubierta las necesidades básicas. Así que es un truco de mal gusto presentar la necesidad de alimentación como un acto de libertad. Hay más: la verdadera libertad, la superación del reino de la necesidad, se logra, a juicio de Marx, con la reducción de la jornada laboral. Ahí está la clave de la verdadera libertad humana y no en esos trucos conceptuales que transforman las necesidades en libertades.

Hambre, prensa y democracia

Amartya Sen, en un articulo publicado en Clarín Digital y titulado Hambre, prensa y democracia, dice los siguiente: “La existencia y el ejercicio de las libertades y los derechos políticos, incluida la libertad de expresión, hacen más fácil evitar desastres económicos como las hambrunas. En la terrible historia de las hambrunas, se destaca que no se produjo ninguna hambruna significativa en un país con forma de gobierno democrática y una prensa relativamente libre”. Y más adelante dice esto otro: “Sin embargo, China no fue capaz de evitar la hambruna. Se calcula que las hambrunas de China de 1958 a 1961 mataron a 30 millones de personas, diez veces más que la gigantesca hambruna de 1943 en la India británica. El llamado gran salto adelante iniciado a fines de los años 50 fue un fracaso masivo, pero el gobierno chino se negó a admitirlo y siguió aplicando dogmáticamente las mismas políticas desastrosas durante otros tres años. Es difícil imaginar que esto hubiera podido pasar en un país que tiene elecciones regularmente y una prensa independiente”.

Esta es una forma caprichosa de razonar, de enlazar cosas sin fundamentos ni pruebas, sencillamente para servir a los intereses del capitalismo. Hagamos gala de un juicio caprichoso. Las dos guerras mundiales fueron obra de los países más avanzados y democráticos del mundo. Y estos países estaban en posesión de la prensa más “libre” e independiente” del mundo. Pero en la segunda guerra mundial, sólo en la Unión Soviética, hubo 30 millones de muertos. La pregunta sería: ¿cómo habiendo democracia y prensa independiente no se evitó esa masacre? Esto sería una pregunta estúpida, puesto que lo cierto es que se produjo esa masacre, y no sería la presencia o ausencia de democracia la causa que lo explicara. Todo el mundo sabe que lo hay de fondo en toda guerra son los intereses económicos y no ninguna clase de intereses humanitarios o democráticos.

Del mismo modo se tendría que dar primero en los países democráticos la posibilidad de una hambruna para preguntarse después si la democracia sería un medio para evitarla o no. Y mientras esta posibilidad no se de, la afirmación de Sen carece de fundamento. De todos modos es una asociación caprichosa la de la democracia con la hambruna, es sencillamente un medio para criticar al socialismo chino. No digo que el socialismo chino no pueda ser criticado por sus errores, que los tuvo y los tiene, pero hay críticas y críticas: hay críticas que pretenden mejorar el socialismo y otras que pretenden liquidarlo.

Hablar de que la prensa en los países capitalistas es libre e independiente es una burla, un engaño que nadie debe tragarse. En primer lugar la prensa está en manos privadas. De manera que la prensa no es independiente de esos intereses privados. Será supuestamente independiente de los intereses del gobierno de turno, pero no de sus propietarios. Y en segundo lugar, los creadores de opinión, los directores de informativos y los periodistas más famosos del mundo ganan mucho dinero, hecho que los convierten en capitalistas. De manera que no podemos esperar ninguna independencia de los intereses del capital por parte de aquellos que son capitalistas y se alimentan del sistema capitalista.

En lo que se refiere a que la prensa es libre, sin duda que es libre. Pero la cuestión es saber quién ejerce esa libertad. Y los que ejercen la libertad de expresión son los grandes periodistas y líderes de opinión que mencionamos antes. La libertad es directamente proporcional al poder que se ostente. Y los trabajadores, y en especial sus capas pobres, carecen de poder o el que tienen es muy raquítico. Así que de poca libertad pueden disfrutar.

Dado que las hambrunas afectan a muchas menos personas que el hambre crónica y son más ocasionales, cabe preguntarse por qué Sen hace tanta incidencia en las hambrunas. A mi no me cabe la menor duda: tiene mayor rentabilidad ideológica y política. Los burgueses siempre buscan la manera de afear el socialismo. Pero contraataquemos. Fian Internacional el 13 de octubre de 2005 hizo público el siguiente comunicado: “La India es el país con el número más alto de personas en el mundo sufriendo de hambre. Casi un cuarto del total mundial de los desnutridos vive en la India”. Habría que preguntarle a Sen cómo es posible que esto suceda si en India hay “democracia” y “prensa independiente”.

Sigamos contraatacando. En Tierramérica, en la sección Noticias, el 28 de octubre de 2006, podemos leer lo siguiente: “La Corte Suprema de Justicia de India debió intervenir en septiembre para obligar al gobierno a distribuir el excedente de arroz y trigo entre los famélicos de una población nacional de 1.000 millones de habitantes. “Nuestros graneros están rebosantes porque la gente no tiene con qué comprarlos”, afirmó el ministro de Agricultura, Ajit Singh. Singh fue el primer político del partido del gobierno, a nivel federal, en describir una situación en que millones de personas mueren de hambre mientras las autoridades se quejan del excedente de grano, que llegará a 80 millones de toneladas, según estimaciones”. A Sen y a todos los empiristas les encanta hablar de la causalidad y de las relaciones de la causalidad, pero no quieren ver lo que tienen delante de los ojos: el sistema capitalista genera hambre por un lado y sobreproducción por otro lado. Ya lo dijo Marx hace muchos años: la causa de todas las crisis está en el bajo poder adquisitivo de los trabajadores.

Realicemos el último contraataque. En el Correo, en junio de 2001, P. Sainath, un periodista indio independiente, se expresa en los siguientes términos: “A comienzos de mayo de este año, la Suprema Corte india tuvo que intervenir para que el hambre pudiera regresar a la primera plana de la prensa. Es un caso sorprendente. ¿Quién habría imaginado que una publicación necesita que la justicia le diga que el hambre sigue siendo un tema importante en este país y en el resto del sudeste asiático?

India, Pakistan y Bangladesh declararon en los últimos años que poseían un excedente de 50 millones de toneladas de alimentos. Pese a todo, entre los tres vecinos reúnen la mitad del hambre del mundo. …Cifras recientes del gobierno demuestran que en Anantapur, uno de los distritos de Andhra, entre 1997 y 2000 se suicidaron 1.826 personas, sobre todo agricultores con pequeñas propiedades inferiores a una hectárea. Una vez más los medios de comunicación optaron por mirar en otra dirección, permitiendo que las autoridades manipularan informes sobre las razones de esas muerte. …En el decenio pasado, la prensa india –obsesionada por los temas triviales- dedicó enorme espacio a explicar que la floreciente clase media india por fin tenía acceso a las hamburguesas McDonald´s y a las marcas más sofisticadas de la moda internacional. O a escribir sobre la proliferación de clínicas para adelgazar y concursos de belleza. Esos son temas que generan rédito publicitario, no las desagradables historias sobre gente muriendo de hambre o la falta de agua potable aun en el corazón de las grandes ciudades. Las contradicciones de India se reflejan en la prensa. Por un lado, están los grupos humanos excedidos en peso que pagan miles de rupias para adelgazar en clínicas especializadas; por el otro, hay miles de personas que mueren de hambre. Los medios de comunicación prefieren la primera parte de la realidad e ignoran la segunda”.

¿No es evidente que el pensamiento de Sen, que una prensa “independiente” y “libre” sería un freno para la pobreza, carece de fundamento? ¿No vemos el ejemplo en India? En primer lugar, la prensa burguesa se ocupa de problemas triviales y oculta los graves problemas de la gente sencilla. La prensa burguesa como el pensamiento burgués actual es superficial y banal. Y en segundo lugar, los medios de comunicación son empresas capitalistas y lo que buscan es vender lo más que puedan. No son independientes de las ventas ni de las ganancias. Así que es un engaño lo que dice Sen. La prensa “independiente” no es un remedio para evitar el hambre ni la hambruna. Y si en algún caso se ocupa de los problemas del hambre, lo hará porque así se vende más ejemplares.

La visión de Marx sobre los pobres

El capital produce pobres de diversas maneras. Hablemos de dos de ellas. Una: al avanzar la acumulación capitalista varía la proporción que se da entre capital constante, dinero invertido en medios de producción, y capital variable, dinero invertido en fuerza de trabajo. Si originariamente esta proporción era de 1: 1, después se convierte en 2:1, 3:1, 4:1, etcétera, de modo que se va invirtiendo progresivamente cada vez menos en fuerza de trabajo y más en medios de producción. Escuchemos a Marx: “la acumulación capitalista produce constantemente, en proporción a su energía y a su volumen, una población relativamente adicional, es decir, sobrante para las necesidades medias de valorización del capital y, por lo tanto, superflua.

Y dos: el gran capital de continuo destruye al pequeño capital y, con ello, destruye los puestos de trabajo creado por el pequeño capital. Por lo tanto, los pobres son un producto del capital y no algo independiente del cual es difícil saber sus causas. En una sociedad capitalista los puestos de trabajo los crea el capital; y si hay pobres, será porque el capital es incapaz de crear los puestos de trabajo que necesita en la actualidad la humanidad. Hecho que pone de manifiesto que el sistema capitalista se ha convertido en un obstáculo para el desarrollo libre y armonioso de la humanidad.

Francisco Umpiérrez Sánchez

En Las Palmas de Gran Canaria. 1 de noviembre de 2006.

Premio Nobel de la Paz



P Roberto F. Bertossi

Hace poco días, conocimos que le fue otorgado el Premio Nobel de la Paz a Muhammad Yunus, un indio que ha provocado una de las revoluciones más espectaculares en el mundo de las finanzas y la banca, y no sólo ha llevado esperanza económica a los pobres del mundo, sino también un verdadero desafío exitoso al modo tradicional como la comunidad financiera global entiende y trata a las personas más desfavorecidas.


Yunus creó un banco nuevo, el `Graneen´ que sólo presta dinero a los más pobres de los pobres, a los que carecen de toda garantía que los respalde siendo pionero en el impulso al concepto de los micro créditos, en cantidades pequeñas concedidos a personas sin acceso a medios de financiación. Los micro créditos se han extendido por todo el mundo y ya han ayudado a casi veinte millones de personas con sus familias para salir de la pobreza.

El 94% de sus clientes son mujeres y su tasa de retorno es del 98%. Esto acredita que esta banca nueva ha resultado un éxito extraordinario y hoy es el modelo de otras instituciones en todo el mundo.

Esta `institucion bancaria´ ya opera en casi setenta países, también en Francia y los Estados Unidos entre los mas desarrollados.


A propósito, la propia secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, alabó la elección del bangladesí, Muhammad Yunus y su Banco Grameen como ganador del Premio Nobel de la Paz 2006 y subrayó que Yunus "ha ayudado a millones (de personas) a acceder a financiación para mejorar su calidad de vida".

El `banco nuevo´ direcciona proactiva, humana, equitativa y eficientemente toda la `liquidez´ disponible en creativas y especiales líneas de crédito asegurándose novedosamente que sirvan para fomentar actividades que garanticen las necesidades esenciales de millones de personas, impedidas por sus carencias actuales para poder acceder a los canales convencionales de crédito, personas que de tal modo se benefician de este programa crediticio logrando paulatinamente adelanto, progreso y bienestar.

Dicha premiación puede ayudar a despertar y revelar en el mundo de las empresas, el alcance y el sentido cabal del concepto: “responsabilidad social empresaria” alejando la `insaciabilidad´ , la búsqueda inmediata, afanosa y desenfrenada del lucro y cualquier otra ganancia, exagerada, sin ningún compromiso con el entorno social, el medioambiente,etc.

Igualmente, será sin dudas no solo un aliento contundente para la concientización de la función social de la empresa sino para la necesidad y el compromiso de todos en el logro del bien común como elemento preponderante en nuestras relaciones sociales y globales, ya que un más equitativo aprovechamiento de los bienes y recursos surge como `el contrafuegos´ imprescindible y la contrapartida al exceso de acumulación y concentración de rentabilidad lo que, únicamente sirve para agudizar y expandir los conflictos sociales, generando situaciones de menor a mayor violencia en tantas partes delmundo.

Para los Nobel existen claro, muchos bienes cuya difusión y propagación resultan extremadamente saludables para enriquecer la vida de todos por caso, el campo de la cultura, de las artes, del saber, etc.

De la misma manera, este reconocimiento a la iniciativa Yunus, confiere a los recursos financieros un carácter más justo e igualitario acreditando simultáneamente que pueden ser muy importantes y relevantes si también sabemos encontrar en ellos sus efectos multiplicadores y pacificadores de la sociedad toda.

El otorgamiento entonces de este premio a un banquero nos revela algo inédito en la historia de este importante galardón, ya que conceder el Nobel da Paz a un banquero significa reconocer que esa actividad llevada a cabo con mejor sensibilidad social, puede servir para atenuar o aminorar, de alguna manera, los conflictos existentes como derivación de graves asimetrías sociales.

Yunus cree que el crédito es la última esperanza para quienes enfrentan la pobreza absoluta; cree más: que el crédito debería ser reconocido como un derecho humano fundamental y, las garantías, como una subespecie esclavitud.

Así pues, no debemos menos que elogiar este premio al `financiamiento de la paz´, a un `mecanismo inclusivo´ importantísimo para el desarrollo humano y una contribución invalorable –inmejorablemente advertido y distinguido- para conservar y conseguir la Paz.

Director del Proyecto Nacional para la Microempresa Urbana y Rural

Centro de Investigaciones Jurídicas y Sociales

Facultad de Derecho y Ciencias Sociales

Universidad Nacional de Córdoba - Argentina

Premio Gota en el Mar, 2005

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