El Análisis Marxista del Valor

Empezaremos esta sección con una de las preguntas más importantes que Marx hace en su análisis del sistema capitalista: ¿qué sucede cuando el producto no se consume de inmediato, cuando para llegar a ser consumido debe pasar por la etapa del cambio? En otras palabras, ¿qué sucede cuando el bien concreto, que es un valor de uso, se convierte en mercancía? En ese instante el producto del trabajo ha cambiado cualitativamente. Esta pregunta recurrió a un apoyo conceptual: toda mercancía es un valor de uso, pero no todo valor de uso es una mercancía. Por lo tanto, el sistema capitalista, al producir bienes concretos para ser intercambiados, produce mercancías, no simples valores de uso.



De inmediato hace la siguiente consideración: si el valor de las mercancías descansa en la utilidad subjetiva, si esto hace posible el cambio ¿cómo se mide las proporciones en que las mercancías se cambian? ¿cuál es la unidad de medida en este caso? Marx analiza esos conceptos en el primer tomo de “El Capital”. En su visión, todas las mercancías tienen valor por que son producidos por el trabajo; esto es, la sustancia del valor es el trabajo, expresado en el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlas. Este indicador, el tiempo socialmente necesario de producción, no sólo mide cuantitativamente el valor de cada una sino que es lo que une a todas las mercancías a pesar de sus diferencias específicas que las singularizan unas a otras. Si las mercancías no tuvieran ese “algo” que las une, no podrían intercambiarse entre sí.

El análisis marxista incluye las subcategorías “valor de uso” y “valor de cambio”, el primero, se denominará “trabajo concreto”, mientras que el segundo se llamará “trabajo abstracto” (trabajo social en general). Con la ayuda de estas sub categorías, Marx definirá la mercancía como la unidad que contiene en sí el valor de uso y el valor, por eso es que se definirá una mercancía por la propiedad que tiene de ser útil y por que puede intercambiarse en el mercado con otros valores concretos, a través del “valor”, esto es, la cantidad de trabajo abstracto que ambas contienen en sí. De este modo, la mercancía será un “valor de uso” como manifestación concreta y material de sí misma; será un “valor de cambio” como portador de tiempo de trabajo abstracto, es decir, como “Valor”.

Marx afirma que el intercambio se lleva a cabo por que iguala las cantidades diferentes de valores de uso de las mercancías de que se trata; en este proceso, el valor de uso ya no entre en el análisis del intercambio, dado que ahora ya son los valores de cambio los que se intercambian, dado que en este proceso, las singularidades concretas de cada bien intercambiado se abstraen a favor de sus valores de cambio. Ahora bien, en el trueque directo, cada mercancía es el equivalente de la otra con la que se intercambia, pero con el advenimiento del dinero, éste se convierte en el equivalente general de valores para todas las mercancías, con lo que el análisis cualitativo del valor en valor de uso y de cambio, se transforma en el análisis cuantitativo, donde el dinero es el equivalente general.



A pesar de lo expuesto, los marxistas afirman que no hay una “teoría del valor” propiamente dicha en el marxismo, lo que existiría sería “un análisis de la génesis de la mercancía” en el que “el valor” no es la categoría que se analiza, pues lo que se estudia es la “mercancía” como síntesis del valor de uso y de cambio (valor) Con esta aclaración, Marx pretende refutar la acusación de que usa categorías “metafísicas” en su análisis y cuyos misterios deben ser develados por la Intuición intelectual o la Razón, identificando al valor como uno de esos misterios. Sobre este particular no olvidemos que en el fondo, la epistemología marxista está dentro de un racionalismo exacerbado y de un positivismo en el que la “práctica social” sería el verificador del “concreto ideal” al que nos referimos en el acápite respectivo de este artículo.

Sin embargo, esto no quita que Marx haya lanzado su famosa conclusión acerca de que el valor era creado por el trabajador, el mismo que producía no sólo el valor de su propia subsistencia, sino un excedente que era apropiado por el capitalista en la forma de plus valía, la misma que surgía del aumento de la explotación de que el obrero era víctima por parte del empresario. Así, en su afán de extraer más plus valía de cada uno de sus trabajadores, el empresario aumenta la jornada de trabajo para crear más plus valía “absoluta”, por una parte; por la otra, aumenta la intensidad del trabajo para crear más plus valía “relativa”. La plus valía extraída del trabajo no remunerado se repartirían entre el empresario, el capitalista, el banquero y el Estado. La proporción de plus valía que el empresario obtiene depende de la proporción que existe entre el “capital constante”, esto es, la maquinaria y el equipo, por una parte, y el capital variable, que se destina a la contratación y la fuerza viva de trabajo. A esa proporción es que Marx llama la “composición orgánica del capital”. Ahora bien, en virtud de que esta composición orgánica evoluciona de tal manera que fortalece la primacía del capital sobre la fuerza viva de trabajo, la tasa de ganancia, es decir, la plus valía, se va haciendo cada vez menor, lo que da lugar a la aparición y vigencia de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, pues el capitalista sólo puede vivir de la plus valía y ésta sólo puede ser extraída del trabajo vivo, actual, de los obreros.

Con esta afirmación, Marx participa, aunque desde un ángulo diferente, de las percepciones de Adam Smith y David Ricardo acerca de un capitalismo que crece, se estanca y luego decae.



Autor: Mario Blacutt Mendoza