Conclusiones

La presente investigación clarificó la heterogeneidad que existió en el sector informal de la Ciudad de México en 1994 y 2003, y las características laborales con las cuales se asocian los tipos de informalidad identificados. También subrayó que es erróneo “etiquetar” a todos los individuos empleados en el sector informal como empresarios autónomos obstruidos por un sistema normativo y legal inoperante, como lo han hecho De Soto (2000) y Maloney (2004). Pero también sería erróneo ver a la informalidad a priori como sinónimo de pobreza o subdesarrollo como lo afirman PREALC y OIT (Tokman y Souza, 1991). El sector informal es tan diverso que incluye tanto a trabajadores que ganan apenas para sobrevivir como a individuos que perciben grandes sumas de dinero. En esencia, los trabajadores informales son actores racionales que toman la decisión de emplearse en el sector informal de acuerdo con las acotadas posibilidades que les ofrece el mercado laboral, el costo de oportunidad entre estar desempleado o subempleado, y la facilidad de acceder a la actividad económica a través de medios no regulados.


La tipología utilizada en este estudio buscó investigar dos de los factores en la informalidad que usualmente se consideran como dados: primero, descubrir si los niveles de escolaridad realmente influyen en la mejora de condiciones laborales, y segundo, analizar si las unidades productivas que utilizan mano de obra no remunerada podrían considerarse como empresariales o como una subsistencia de tipo familiar.

El análisis que se desarrolló a lo largo del estudio permite arribar a dos conclusiones fundamentales. En primer lugar, entre los individuos clasificados como trabajadores informales de subsistencia, la escolaridad no marca grandes diferencias. A pesar de que el nivel de escolaridad es diferente para los trabajadores informales de subsistencia de tipo 1 y 2, sus condiciones laborales no difieren significativamente. Asimismo, la proporción de los profesionales informales en el mercado laboral creció entre 1994 y el 2003, paralelamente a un decremento pronunciado en su nivel de ingresos.

En segundo lugar, al analizar la empresarialidad informal, diferenciada según el tipo de mano de obra que utiliza – remunerada o no -, se encontró en el análisis que los empresarios de tipo 2 se parecen en sus características a los trabajadores informales de subsistencia. No obstante, sería apresurado clasificarlos en un mismo tipo de informalidad, o peor aún equipararlos con los empresarios que utilizan mano de obra remunerada


De las condiciones de vida de los trabajadores informales, se nota que existen ciertos patrones claramente definidos que tienden a asociar los profesionales informales y a los empresarios de tipo 1 con mejores niveles de ICV, mientras que los empresarios de tipo 2 y trabajadores informales de subsistencia manifiestan una concentración en niveles mas bajos, a pesar de que se notan diferencias entre ambos. No obstante, hay que anotar que el ICV para todos los tipos de informalidad mejoró sustancialmente entre 1994 y el 2003.

En cuanto a la comprobación de las hipótesis planteadas al comienzo de éste trabajo puede decirse lo siguiente: se encontró que la heterogeneidad laboral del sector informal creció entre 1994 y el 2003, dado que las diferencias porcentuales en las condiciones de trabajo entre tipos de informalidad se ampliaron al igual que los niveles de remuneración. Por otra parte, en lo que se refiere a la heterogeneidad vista en función de la asociación entre tipos de informalidad y condiciones de vida, podría decirse que no presentó mayores cambios. Si se analizan los ICV para los dos años, se nota que las diferencias entre tipos de informalidad se mantienen casi inalterables entre 1994 y 2003.

Una hipótesis adicional preveía una acentuación de la informalidad de subsistencia y un decremento en la informalidad empresarial. Del estudio puede concluirse que ello se cumplió parcialmente, si bien el porcentaje de empresarios informales disminuyó no significativamente entre los dos años, la proporción de trabajadores informales de subsistencia permaneció casi inalterable en el mismo período. Finalmente, las mujeres manifestaron una mayor concentración como trabajadoras informales de subsistencia y una menor como empresarios informales, frente a los porcentajes comparativos de los hombres. A su vez, mientras que el porcentaje de hombres empresarios informales decreció en el período, en el caso de las mujeres se dio un crecimiento no significativo. Cabe resaltar que mientras la subsistencia en los hombres crece y la empresarialidad decrece, en las mujeres sucede lo contrario, lo cual indicaría cierta apertura o inserción femenina en este tipo de actividades pese a la brecha salarial que aún persiste entre ambos sexos.


Recomendaciones de Política Pública

Teniendo en cuenta la tipología que se esquematizo, y haciendo uso de los resultados encontrados, se presentan las siguientes recomendaciones:

  • Dada la heterogeneidad que existe al interior del sector informal, no resulta  pertinente plantear políticas públicas encaminadas a favorecer solamente cierto tipo de actividades, o peor aún, plantear la desregulación total de la economía y reducir la intervención del Estado en ella. Antes de hacer cualquier aseveración al respecto, se debe profundizar sobre la naturaleza de cada actividad y la importancia que ella merece para cada individuo y su contexto familiar. Ello implica tomar en cuenta la opinión de los informales sobre sus condiciones laborales y de vida, y educar a los diseñadores de política pública a la luz de las experiencias encontradas.

  • El estudio coincide con el planteamiento de Portes (1995) acerca de la estructura de clases que existe dentro del sector informal, y la necesidad de diseñar políticas encaminadas a favorecer a todos los segmentos de la población que labora en él, promoviendo la consolidación de una cultura empresarial de carácter solidario orientada a potenciar las fortalezas tanto de los empresarios de tipo 1 como de los de tipo 2. A su vez, se  deben generar mecanismos de protección social y mejoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores informales de subsistencia, no solamente por medio de más escolarización, sino promoviendo sus aptitudes laborales para desempeñarse en actividades de alta productividad.

  • Finalmente, se ha visto que no es suficiente el crecimiento económico para superar el problema de la informalidad ocupacional, dado que múltiples factores intervienen. Es necesario generar una política de intervención estatal orientada a los niveles meso y micro de la economía, que ataque el problema del desempleo y la informalización laboral tanto desde la oferta como desde la demanda, redistribuyendo el ingreso concentrado en los grandes emporios financieros hacia la población de menos recursos.