La Doctrina Social de la Iglesia

El término «Doctrina Social de la Iglesia» es utilizado para hacer referencia a enseñanzas y principios morales trascendentes en el tiempo y espacio. El Papa León XIII, en 1891, al observar la realidad de la miseria vivida por los obreros durante la revolución industrial siente la necesidad de protestar por las circunstancias en que ellos se encuentran, esta protesta es elevada mediante la encíclica “Rerum Novarum” y desde 1941 ningún papa ha dejado pasar los aniversarios de aquella fecha para alguna nueva declaración social, estableciéndose de esta manera los fundamentos de la DSI. No es una propuesta técnica para solucionar los problemas prácticos, sino más bien una doctrina moral, que surge del concepto cristiano de hombre y de su vocación al amor y a la vida eterna. En cuanto a esto, la Iglesia no pretende dar todas las soluciones a los diversos problemas planteados, sino que es un conjunto de principios, criterios y directrices de acción, con el objeto de interpretar las realidades sociales, culturales, económicas y políticas, determinando su conformidad o inconformidad con las enseñanzas del Evangelio sobre la persona humana y su vocación terrenal y trascendente. No se dedica a defender determinado sistema económico o social, no debe entenderse como una «tercera vía», un camino intermedio entre el capitalismo y el socialismo, no tiene nada que ver con una agenda económica o política, y no es un «sistema», sólo trata de encontrar respuestas o caminos alternos para la solución a los problemas sociales creados por la evolución histórica y cultural del hombre.



Hay quienes, en un principio, trataron de configurar a la doctrina social cristiana como una verdadera tercera vía, como un sistema cerrado y omnicomprensivo, capaz de abarcar y orientar el desarrollo social. La encíclica CA de Juan Pablo II advierte que la Iglesia no se considera competente en materia de modelos sociales e incluso duda de la formalidad epistemológica de los modelos omnicomprensivos. “...La Iglesia no tiene modelos para proponer...” La doctrina social cristiana se ocupa más bien del hombre, que es portador de una dignidad trascendente que debe ser salvada de cualquier tipo de sistema social o político. No existen sistemas perfectos en los que dicha dignidad no pueda correr el riesgo de perderse, y por eso cualquier tipo de sistema necesita una corrección y una guía de carácter moral.

La Iglesia por respeto a la autonomía de las realidades terrenas no opta por un tercer sistema distinto y opuesto al capitalismo y al marxismo, “...no se atribuye competencia para proponer modelos alternativos...” (PP no. 1211). Inclinarse a terceros sistemas es competencia y deber de los laicos cristianos quienes deberán consultar las enseñanzas sociales de la Iglesia.

Cabe destacar que la doctrina cristiana no es pura imposición ni tampoco pura «democracia», la respuesta viene a través de la oración; no nace del consenso sino que es enseñada con toda certeza sólo por el Magisterio de la Iglesia Católica. En esto se debe distinguir entre su enseñanza y la opinión particular o privada de algunos sacerdotes o teólogos. La inmensa mayoría de los obispos del mundo son fieles a ella y aceptan al Magisterio, pero siempre hay excepciones, por lo cual se debe saber que sólo se puede considerar como Magisterio de la Iglesia las enseñanzas de los obispos que están en comunión con el Papa.