Historia del Pensamiento Económico

Carácter doble del Trabajo presentado en la Mercancía

El valor representativo de las mercancías. Hasta aquí hemos estudiado la mercancía en sí misma, ahora la analizaremos por su valor representativo, derivado de que su existencia está mediada por el trabajo. Al igual que la mercancía es una unidad doble, valor de uso y valor, del mismo modo el trabajo que crea la mercancía tiene un carácter doble. El trabajo representado en el valor de uso no tiene las mismas características que el trabajo en cuanto constituye la sustancia del valor. Para aclarar más estas diferencias volvamos al ejemplo inicial. Tomemos esas dos mercancías: 1 metro de tela se cambia por 2 kilos de trigo.  La tela es un valor de uso que satisface una necesidad  particular. Para producirla se requiere un tipo de terminado de actividad productiva. Esta viene determinada por su fin, su modo de operar, sus medios, su objeto y su resultado. Llamaremos trabajo útil al trabajo cuya utilidad se presenta en el hecho de que su producto es un valor de uso. El trabajo del tejedor es un trabajo útil en la medida en que en su producto, la tela, es un valor de uso. (Recuerdo que no debe confundirse el ser de una cosa con su realización. Aquí hablamos sólo del ser del valor de uso, no de su realización) Del mismo modo que la tela y el trigo son valores de uso cualitativamente diferentes, también son cualitativamente diferentes los trabajos que les dan existencia. Si estos objetos no fueran valores de uso cualitativamente diferentes, tampoco podrían enfrentarse como mercancías. 1 metro de seda no se cambia por 1 metro de seda, un valor de uso por el mismo valor de uso. Por lo tanto, para que dos objetos se enfrenten  como mercancías, tienen que ser valores de uso cualitativamente diferentes.

Escuchemos, a este respecto, a Baudrillard en su trabajo Más allá del valor de uso : “Si el principio del intercambio y el principio de utilidad tienen tal afinidad, es porque, opuestamente a lo que dice Marx de la icomparabilidad de los valores de uso, la lógica de la equivalencia está ya toda entera en la utilidad”. Marx no dice que los valores de uso sean incomparables, sino que los valores de uso que se intercambian deben ser cualitativamente diferentes, que nadie cambia un valor de uso por el mismo valor de uso. Todos los valores de uso en cuanto valores de uso son comparables, como son comparables todas las mesas en cuanto mesas, y los coches en cuanto coches, etcétera. Esta es una de las “habilidades” especulativas de Baudrillard: atribuirle a Marx una cosa que él no ha dicho, que los valores de uso no son comparables, para después criticarlo sin saberse con qué finalidad.  De todos modos, con lo dicho hasta aquí podemos concluir que en el valor de uso de toda mercancía se encierra una determinada actividad productiva conforme a un fin, esto es, trabajo útil. De manera que los valores de uso además de tener un valor en sí mismo como tales valores de uso, tienen un valor representativo: representan el trabajo útil . Así que la mesa representa el trabajo útil del carpintero, la paella el trabajo útil del cocinero, la acera limpia el trabajo útil del barrendero, etcétera.



En calidad de valores, seda y trigo son objetos de idéntica sustancia, expresiones objetivas de un trabajo idéntico. Más tejeduría y agricultura son trabajos cualitativamente diferentes. Pero aunque tejeduría y agricultura sean trabajos cualitativamente diferentes, son ambos gasto productivo de cerebro, músculos, nervios, etcétera, humanos, y en este sentido son ambos trabajo humano. No son más que dos formas distintas de gastar fuerza de trabajo humana. En suma, tejeduría y agricultura son elementos constitutivos de los valores de usos seda y trigo precisamente por sus cualidades diferentes. Pero sólo son sustancias del valor de la seda y del trigo en tanto se hace abstracción de su calidad particular, y ambos poseen la misma cualidad, la de ser trabajo humano abstracto. De manera que las mercancías en tanto valores tienen un valor representativo: representan el trabajo humano abstracto, esto es, el gasto de la fuerza de trabajo.

Por un lado, todo trabajo es gasto de fuerza de trabajo humana en sentido fisiológico, y en esta calidad de trabajo humano igual o de trabajo abstractamente humano constituye el valor de las mercancías.  Por otro lado, todo trabajo es gasto de fuerza de trabajo humana en forma específica y determinada por su fin, y en esta calidad de trabajo útil concreto produce valores de uso.

Contenido ideológico del valor representativo de las mercancías.  En el muelle deportivo de un municipio turístico  veo a la familia Ramírez disfrutar de un hermoso yate. El precio de mercado de este espléndido yate es de 12 millones de euros. Ante semejante hecho un capitalista se expresaría del siguiente modo: “ese hombre  ha sabido hacerlo bien, ha trabajado duro, ha sido listo y se lo merece en justicia. Lo que sucede es que vivimos en una sociedad de envidiosos, y en vez de tratar de imitar el genio del señor Ramírez lo que hacemos es dudar  que haya adquirido esa riqueza de modo legal y como fruto de su duro e inteligente trabajo”. Si fuera Veblen  quien contemplara el yate, tal vez opinaría del siguiente modo: “la familia Ramírez usa el yate como ostentación, como signo para diferenciarse de los miembros de las clases oprimidas”. Sin embargo, si lo viera un marxista, su opinión sería esta otra: primero se fijaría en el valor representativo de su valor de uso, y diría que en ese yate hay encerrado muchos y variados trabajos útiles: los del carpintero, del electricista, del ingeniero, del fontanero, etcétera. Después se fijaría en su valor, esto es, en su precio: 12 millones de euros. Siguiendo el consejo de Samuelson y Nordhaus atravesaría el velo del dinero y diría: con 12 millones de euros se pueden comprar 72 viviendas urbanas de 90 metros cuadrados. De manera que el yate vale 72 viviendas urbanas de 90 metros cuadrados. Así apreciamos de modo sensible el valor del yate. Y no pueden imaginarse hasta que punto se torna sensible. Pensemos en esos matrimonios de trabajadores, donde trabajan hombre y mujer, que después de haber estado trabajando más de 40 años, tienen al final de sus vidas una vivienda de 90 metros cuadrados y una pensión de mala muerte. Es decir, el dueño del yate tiene en sus manos un valor equivalente al trabajo de 144 personas al cabo de 40 años. Esto es lo que vería un marxista en el ostentoso yate en cuanto valor: el trabajo de 144 personas durante cuarenta años. Y le surgiría una duda: por muy cualificada que sea la fuerza de trabajo del señor Ramírez, es inexplicable que el valor de su fuerza de trabajo durante 10 años sea equivalente al trabajo de 144 personas durante 40 años. De manera que la única explicación posible es la siguiente: que el señor Ramírez, gracias a las relaciones de producción capitalista, ha podido apropiarse de una enorme cantidad de trabajo ajeno, del trabajo de 40 años de 144 trabajadores. Es evidente que el ostentoso yate se ha vuelto tremendamente ideológico.



El Valor de Cambio

El aparecer . La elaboración del concepto de valor de cambio por parte de Marx se divide en dos fases: primero expone cómo aparece el valor de cambio a primera vista, y después expone cómo aparece cuando lo vemos más de cerca. Y al mirarlo más de cerca, Marx nos demuestra que el valor de cambio es un modo de expresión o forma fenoménica. Más adelante explicaré qué es un modo de expresión o forma fenoménica.



Primera fase. El valor de cambio aparece primero como la proporción en que los valores de uso de un tipo se cambia por los de otro. Pero como esta proporción varía con el tiempo y el lugar, un valor de cambio intrínseco a la mercancía se presenta como una contradicción en el adjetivo .  Ilustremos esta idea. Se trata de imaginar un mercado donde la seda se cambia por trigo, el hierro por papel, el oro por zapatos, etcétera. Pero con respecto a la proporción en que se intercambian estos valores de uso, ocurre lo siguiente: en un lugar 1 metro de seda se cambia por 2 kilos de trigo, pero en otro lugar 1 metro de seda se cambia por 3 kilos de trigo; hoy 1 metro de seda se cambia por 2 kilos de trigo, pero mañana en el mismo lugar 1 metro de seda se cambia por 1 kilo de trigo. Como el valor de cambio de 1 metro de seda cambia con el lugar y con el tiempo, pensar que ese metro de seda tiene un valor de cambio intrínseco se presenta como una contradicción en el adjetivo. Puesto que la experiencia nos dice que el valor de cambio es una pura relación externa entre valores de uso,  que nada tiene que ver con propiedades inmanentes o intrínsecas. Es así como se ve el valor de cambio a primera vista.

Segunda fase. Miremos el valor de cambio más de cerca. Al mirar el valor de cambio más de cerca, observamos que una misma mercancía se cambia por otras mercancías en las proporciones más diversas . Así, por ejemplo, 1 kilo de trigo se cambia por x betún, y seda, z oro, etcétera. Por lo tanto, el trigo tiene múltiples valores de cambio y no uno sólo. Pero como x betún, y seda y z oro son el valor de cambio de 1 kilo de trigo, entonces x betún, y seda y z oro son valores de cambio sustituibles unos por otros o de magnitud igual entre sí. De ahí deducimos dos cosas: una, que los valores de cambio válidos de la misma mercancía expresan la misma cosa, y dos,  que el valor de cambio es un modo de expresión  (o forma fenoménica) de un contenido que debemos distinguir de él. Esta es la conclusión a la que llegamos cuando miramos las cosas más de cerca: la relación de cambio entre las mercancías es una relación de expresión. De modo que la primera tarea a realizar a continuación será distinguir cuál es el contenido que se expresa en la relación de cambio entre las mercancías. Es el mismo problema que se nos planteaba cuando vimos la distinción filosófica entre lo que se manifiesta y la forma de manifestación, cuando hablábamos de la mesa y de su reflejo en el espejo. Veíamos que la mesa del espejo aumentaba y disminuía de tamaño, pero llegábamos a la conclusión de que ese aumento y disminución de la mesa del espejo eran formas fenoménicas, y que en consecuencia había que distinguir unos contenidos distintos de ellas. Uno de esos contenidos era la aproximación del espejo a la mesa, y el otro el alejamiento de la mesa respecto del espejo. Lo mismo hay que hacer en el caso de la relación de cambio entre las mercancías: cuando decimos que un metro de tela se cambia o vale 2 kilos de trigo, 2 kilos de trigo es una forma fenoménica. Y por lo tanto, la tarea a realizar será descubrir el contenido de esta forma fenoménica.

Esta conclusión tiene consecuencias muy importantes para la Semiótica, puesto que la relación de expresión es la primera y la más básica de las relaciones semióticas, que no debe confundirse con la relación referencial o con la relación de significación. La relación que se da entre el espejo y los objetos que refleja es una relación de expresión. También es una relación de expresión la que se da entre los órganos de los sentidos y los objetos del mundo exterior. Sólo hay que tener en cuenta que la relación de cambio entre los valores de uso es un caso particular de forma fenoménica o modo de expresión. Pero repito lo que es fundamental para la Semiótica: la relación de cambio entre los valores de uso es una relación semiótica, en concreto, una relación de expresión.



Del aparecer al representar. Hemos visto que el valor de cambio es un modo de expresión y que, por lo tanto, la primera tarea a realizar es distinguir o descubrir el contenido expresado.  Pero para distinguir este contenido hemos de pasar del aparecer del valor de cambio a representarlo por medio de una ecuación. Tomemos una de las relaciones de cambio vistas anteriormente, por ejemplo, 1 metro de tela se cambia por 2 kilos de trigo. Esta relación de cambio se puede representar por medio de una ecuación, donde se equiparan 1 metro de tela con dos kilos de trigos. Así tenemos que 1metro de tela = 2 kilos de trigo. ¿Qué nos dice esta ecuación? Que en dos cosas diferentes, en 1 metro de tela y en 2 kilos de trigo, existe algo de común y de la misma magnitud. Hay que tener en cuenta que la base de la ecuación es  tela = trigo. Por lo tanto, lo primero que hay que hacer es descubrir lo que hay de común en la tela y en el trigo. Y para saber lo que hay de común en la tela y en el trigo, tendremos que restar o abstraer lo que hay de diferente en el trigo y en la tela.

Del representar al proceso de abstracción. Surge el problema de saber qué debemos abstraer en la relación de cambio. Y esto sólo nos lo puede decir la propia relación de cambio entre los valores de uso. Lo que caracteriza el valor de cambio es precisamente la abstracción del valor de uso. Dentro de ella, un valor de uso vale tanto como cualquier otro, aunque sólo si existe en la proporción suficiente. Al analizar la ecuación vemos que la seda y el trigo son valores de uso cualitativamente diferentes, esto es,  tienen distintas propiedades y distintas utilidades. Pero el problema es saber qué tienen de común la seda y el trigo. Por lo tanto, de la seda y del trigo debemos restar o abstraer su valor de uso, para ver cuál es el resto que obtenemos. Si a la mercancía le restamos su valor de uso, sólo nos queda la propiedad de que es un producto del trabajo. (Mercancía – valor de uso = producto del trabajo) (M – VU = Pt). Si en esta ecuación despejamos la mercancía, obtenemos que la mercancía es  el valor de uso más el producto del trabajo. (M = VU + Pt). Esta es la primera conclusión a la que llegamos, que la mercancía es un objeto doble: valor de uso y  producto del trabajo.

Pero el proceso de abstracción no es tan simple como aparece en este primer paso. Detallemos el proceso de abstracción. Si de la tela restamos o abstraemos su valor de uso,  abstraemos las propiedades y la utilidad de la tela. Pero la utilidad de la tela es obra del trabajo útil del tejedor. De manera que en la utilidad de la tela está representado el trabajo útil del tejedor. Por lo tanto, si de la tela hacemos abstracción de su utilidad, hacemos abstracción del trabajo útil del tejedor. Lo mismo ocurre con el trigo: al hacer abstracción de la utilidad del trigo, hacemos abstracción  del trabajo útil del agricultor. Miremos ahora a la tela y al trigo después de haber llegado a esta fase de abstracción: se han disuelto sus propiedades sensibles, han desaparecido las propiedades y las utilidades que los diferenciaba, pero también han desaparecido el trabajo útil del tejedor y el trabajo útil del agricultor. ¿Qué nos queda entonces? Sólo nos queda el hecho de que en la tela y en el trigo se ha gastado fuerza de trabajo humana (gasto de nervios, músculos, cerebro, etcétera) sin tener en cuenta la forma de su gasto . Ahora la tela y el trigo sólo representan el hecho de que en ellos se ha gastado fuerza de trabajo humana sin tener en cuenta la forma de su gasto, esto es, sin tener en cuenta si se gasta en forma de tejeduría o en forma agrícola. Dicho de otro forma: la tela y el trigo representan el hecho de que en ellos se ha acumulado trabajo humano abstracto, esto es, gasto de fuerza de trabajo humana  sin tener en cuenta la forma de su gasto. Lo que nos dice ahora la ecuación, después de haber realizado el proceso de abstracción, es lo siguiente: en un 1 metro de tela se ha gastado la misma cantidad de fuerza de trabajo humana que en 2 kilos de trigo. Como cristalizaciones de esta sustancia social común a ellas, como cristalizaciones de trabajo humano abstracto, son valores, valores de mercancías. Por lo tanto, un valor de uso o un bien sólo tiene valor porque se ha cristalizado en él trabajo humano abstracto.



Forma lógica del juicio. El valor de una mercancía  es el trabajo humano abstracto acumulado en ella. A es B. Esto es un juicio de concepto, donde debemos distinguir el nombre del objeto del concepto,  ‘el valor', y el sintagma con que expresamos el contenido del concepto, ‘trabajo humano abstracto acumulado'. Lo único que hay que destacar aquí es que este concepto no ha sido obtenido de modo inmediato, recurriendo a la percepción, como ocurría en el caso del concepto de valor de uso, sino que lo hemos obtenido mediante un proceso de abstracción. Aunque el punto de partida fue también un hecho perceptivo:  el aparecer del valor de cambio.

La medida del valor. Habíamos dicho que un valor de uso tiene valor porque se ha objetivado en él trabajo humano abstracto. ¿Cómo medimos entonces la magnitud del valor de una mercancía? Mediante la cantidad de trabajo acumulado en la mercancía. ¿Y cómo medimos la cantidad de trabajo acumulado en la mercancía? Mediante la duración del trabajo. ¿Y cómo medimos la duración del trabajo? Mediante unidades de tiempo: horas, días, semanas, meses, etcétera. Dicho en camino inverso: por medio de unidades de tiempo (horas) mido la duración del trabajo; y mediante la duración del trabajo mido el trabajo acumulado o la fuerza de trabajo humana gastada. Entre los marxistas y no marxistas es habitual confundir la sustancia del valor con su medida. La sustancia del valor es la cantidad de trabajo acumulada en la mercancía o el trabajo gastado en su producción, mientras que la duración del trabado es el medio por el que medimos dicho gasto.

Trabajo individual y trabajo social.   Si el valor de una mercancía viene determinado por la cantidad de trabajo gastada en su producción, cuanto más holgazana y menos diestra sea una persona, más valor tendrá su mercancía, puesto que consume más tiempo en su elaboración. Pero el trabajo que constituye la sustancia del valor de las mercancías es trabajo humano igual, gasto de la misma fuerza de trabajo. Toda la fuerza de trabajo de la sociedad que se representa en los valores del mundo de las mercancías rige aquí como una sola y la misma fuerza de trabajo , aunque conste de numerosas fuerzas de trabajo individuales. Es aquí muy importante el concepto de ‘regir como'. Es cierto que la fuerza de trabajo es individual, pero también es evidente que todas las fuerzas de trabajo son iguales en el sentido de que todas representan gasto de nervios, músculos, cerebro, etcétera. De ahí que la fuerza de trabajo representada en los valores de las mercancías rija como una y la misma fuerza de trabajo. Marx pone el siguiente ejemplo: Un tejedor manual emplea 1 hora de trabajo en transformar 100 metro de hilo en tela. Pero con la introducción del telar a vapor se requiere sólo ½  hora de trabajo para transformar 100 metros de hilo en tela. El tejedor manual, atado al viejo método de producción, seguirá necesitando 1 hora de trabajo para transformar 100 metros de hilo en tela, pero su hora de trabajo individual, después de la introducción del telar a vapor, representa solamente ½ hora de trabajo social. Es evidente, por lo tanto, que en la consideración de los valores de las mercancías toda la fuerza de trabajo de la sociedad rige como una y la misma fuerza de trabajo. Esta representación se hace todavía más evidente cuando en vez de considerar a la sociedad en su conjunto, consideramos a una persona que vive sola en una isla. Trabaja dos horas de pescador, dos horas de agricultor, dos horas de cocinero y dos horas de carpintero. Es obvio que pescar, cultivar la tierra, cocinar y fabricar muebles son actividades productivas diferentes, pero también es obvio que son formas distintas de gastar una y la misma fuerza de trabajo. La diferencia está, y es la causa de la dificultad de esa representación, en que en un caso, en el de la isla, son funciones de un mismo individuo, mientras que en el otro caso, en el de la sociedad, son funciones de individuos distintos. Así que únicamente el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de un valor de uso determina su magnitud de valor. Tiempo de trabajo socialmente necesario es el tiempo de trabajo requerido para representar cualquier valor de uso con las existentes condiciones de producción socialmente normales y el grado medio de habilidad e intensidad de trabajo . Dicho de forma más corriente: tiempo de trabajo socialmente necesario es el tiempo que necesita la sociedad para producir la riqueza.

Reflexionemos un poco más sobre las diferencias entre el trabajo individual y el trabajo social. Al imponerse las condiciones sociales medias de producción, las que establece el método de producción basado en el telar a vapor, la magnitud del valor de los 100 metros de hilo transformado en tela por el trabajador manual  y la del valor de los 100 metros de hilo transformado en tela por el obrero colectivo mediante el telar a vapor, es la misma: ½ hora de trabajo social. Pero el trabajo individual contenido en los 100 metros hilo transformado en tela por el trabajador manual y el trabajo colectivo contenido en los 100 metros de hilo transformado en tela por el obrero colectivo son distintos: en el primero hay contenido 1 hora de trabajo y en el segundo hay contenido ½ hora de trabajo. Esta distinción es muy importante para el estudio del comercio internacional, y que Samir Amin interpretó erróneamente como intercambio de valores desiguales. En el mercado mundial se impone las condiciones sociales medias de producción, que no son sino las condiciones sociales medias de los países más avanzados. Por lo tanto, en el mercado mundial también se impone el intercambio de valores iguales,  aunque los contenidos de trabajo nacionales sean distintos para los mismos valores. Es decir, se intercambian los mismos valores pero distintos trabajos nacionales. De ahí la necesidad ineludible que tienen los países económicamente más atrasados de proteger su agricultura, industria, comercio y finanzas nacionales, si no quieren ser explotados por los países más avanzados.

La Forma de Mercancía

Primer juicio: En las sociedades capitalistas la riqueza se presenta como mercancía.



Forma lógica del juicio: A se presenta como B. Este es un juicio de presentación donde hay que distinguir dos lados: por un lado, el objeto que se presenta, y por otro lado, en calidad de que se presenta. Y en el ámbito lingüístico habrá que distinguir igualmente dos lados: por un lado, el nombre del objeto que se presenta, y por otro lado, el sintagma con que expresamos en calidad de que se presenta dicho objeto. Aquí el objeto que se presenta es la riqueza, y se presenta en calidad de mercancía. Esta forma de juicio es muy usada en la vida cotidiana. Dirigiéndonos a un amigo y señalándole a nuestro acompañante le decimos: “este es Juan Sánchez, marido de Ana Ruiz, profesor de Lingüística de la Universidad de La Laguna, y un amigo de la infancia”. “Juan Sánchez” es el nombre del objeto que se presenta, y “marido de Ana Ruiz”, “profesor de Lingüística de la Universidad de La Laguna” y “un amigo de la infancia” son los sintagmas con que expresamos en calidad de que presentamos a dicho objeto. Cuando decimos que Juan Sánchez lo presentamos en calidad de marido de Ana Ruiz, estamos presentando a Juan Sánchez como miembro de determinadas relaciones sociales. Así que ‘en calidad de’ y ‘miembro de determinadas relaciones’ las tomaremos como expresiones equivalentes.

Contenido del juicio: En las sociedades esclavista y feudal sólo una pequeña parte de la riqueza se producía como mercancía. Mientras que en las sociedades capitalista toda la riqueza se produce como mercancía. Y en las sociedades socialistas, de acuerdo con la experiencia de la Nueve Economía Política elaborada por Vladimir Ilích y con las reformas económica emprendidas en China a partir de 1978, la riqueza se tiene que seguir produciendo como mercancía. Entre los marxistas, después de muerto Vladimir Ilích, se había confundido la forma mercantil de la riqueza con su forma de capital, y el socialismo se entendía en ese sentido: como movimiento conducente a acabar con la forma mercantil de la riqueza. En este consistió la esencia económica del modelo soviético de construcción del socialismo y ahí residió su error y la fuente de su fracaso. Se confundía los mecanismos económicos para desarrollar la producción de riqueza, donde la experiencia ha demostrado que el mercado es superior al plan, con la forma de propiedad de la riqueza, donde la experiencia demuestra que para los intereses de la mayoría la forma socialista es superior a la forma capitalista. Hasta hace poco la electricidad se producía en España como mercancía, pero no como capital. Las industrias productoras de electricidad eran de propiedad del Estado. Pero con la ola de liberalizaciones, estas industrias han pasado a manos privadas, y en vez de producirse la electricidad como un bien socialista se produce como capital. El camino esencial del socialismo no está en luchar contra la forma mercantil de la riqueza, sino en luchar por cambiar su forma capitalista por su forma socialista. La lucha por el socialismo es una lucha que se manifiesta fundamentalmente el ámbito de la propiedad.

No obstante, el capitalismo ha evolucionado de tal manera que todo, absolutamente todo, se quiere producir como mercancía. Así, aspectos de la vida social como el deporte, la fama o la vida privada se producen en la actualidad como mercancías. De manera que el camino del socialismo también se manifestaría como una delimitación de qué aspectos de la vida social se pueden producir como mercancías y qué aspectos no. Hasta la Iglesia Católica ve en los fabulosos sueldos que ganan los futbolistas de elite una enorme injusticia. Pero también los enormes ingresos que reciben las personas de famas en concepto de publicidad y en concepto de ventas de exclusivas a revistas, representan una enorme injusticia. Por lo tanto, el camino del socialismo también exige que se acabe con la forma mercantil que tienen esos aspectos de la vida mencionados anteriormente.


Como la riqueza en las sociedades capitalistas se presenta como mercancía, Marx inicia su investigación analizando la mercancía. Pero la mercancía es un objeto doble: valor de uso y valor. De ahí que lo primero que haga Marx sea proporcionarnos dos conceptos de valor de uso.

Transformación de la Mercancía en Dinero (Teoría del Valor)

La mayoría de los textos que hablan de la teoría del valor de Marx, tanto de sus defensores como de sus detractores, carece de la riqueza de detalles, del rigor y del orden presentes en el texto de Marx. Predominan la confusión, la oscuridad y la especulación en aquellos textos. Mi método de exposición es diferente porque sigo directamente el texto de Marx, hablo con sus palabras, y no me salto los pasos necesarios en el devenir de los razonamientos. Acompaño al lector por todo el texto, le reduzco el recorrido, y le indico los aspectos lógicos, filosóficos, antropológicos y fenomenológicos presentes en sus distintas partes. Si el lector estudia atentamente y con rigor mi trabajo, después podrá estudiar directamente el texto de Marx con relativa facilidad. Según el propio Marx, la parte más difícil de El Capital está en su primer capítulo, esto es, en la exposición de la transformación de la mercancía en dinero. Y de esto trata el presente trabajo.


1.Economía marxista y economía convencional Se tiene la idea de que la economía marxista, representada por El Capital de Karl Marx, y la economía convencional habitan en dos mundos distintos: Marx en el de los metafísicos, y los economistas convencionales en el de los científicos. Se presenta el pensamiento de Marx como un cuerpo teórico oscuro, metafísico y poco práctico, mientras que a la economía convencional se le presenta como un cuerpo teórico científico, riguroso y eminentemente práctico. Cuando lo cierto es que El Capital de Karl Marx incluye los conceptos principales de la economía convencional. En la filosofía contenida en El Capital no existe la contraposición entre apariencia y realidad. Domina, por el contrario, la concepción de que la realidad está constituida por apariencias y esencias. Es decir, que la apariencia es parte de la realidad y no algo contrapuesto a la realidad. Llamaremos categorías esenciales a aquellas categorías que reflejan las esencias de la realidad, mientras que llamaremos categorías aparentes a las categorías que reflejan las apariencias de la realidad. Pongamos un ejemplo para dejar estas diferencias filosóficas bien claras. En la economía convencional es fundamental el estudio de la categoría de precio, pero también lo es en El Capital de Marx. ¿Dónde reside entonces la diferencia? La economía convencional define el precio de acuerdo con su función práctica (aparente). Marx también analiza la función práctica del precio, pero añade algo más: explica la génesis de la forma de precio, expone el proceso mediante el cual el valor sufre una serie de metamorfosis, desde su figura más simple, la que se da en el trueque, hasta su figura más compleja, que constituye la forma de precio. Ahí reside el componente fundamental de El Capital: el análisis de las formas del valor. La categoría precio refleja una apariencia de la realidad económica, mientras que la categoría valor refleja una esencia de la realidad económica. El movimiento teórico de Marx va desde las esencias a las apariencias, esto es, parte del valor en su forma natural hasta llegar a la forma de precio; mientras que la economía convencional sólo se mueve en el ámbito de la apariencia. Por lo tanto, no hay que ver en la economía convencional la negación de la economía marxista, sino todo lo contrario: una parte necesaria de ella.

2.Lo que se manifiesta y la forma de manifestarse Pongamos una mesa a dos metros de un espejo. Si acercamos la mesa al espejo, la mesa del espejo (la imagen de la mesa) aumentará de tamaño. Si alejamos la mesa respecto del espejo, la mesa del espejo disminuirá de tamaño. Esta experiencia tan sencilla demuestra la necesidad científica de distinguir, en el ámbito de las relaciones entre cosas, lo que se manifiesta de la forma de manifestarse. El aumento del tamaño de la mesa del espejo es la forma en que se manifiesta la aproximación de la mesa al espejo, mientras que la disminución del tamaño de la mesa del espejo es la forma de manifestarse el alejamiento de la mesa respecto del espejo. Así que el aumento de tamaño de la mesa del espejo no es sólo el aumento del tamaño de la mesa del espejo, sino también la forma fenoménica, la forma de manifestación, de la aproximación de la mesa al espejo. Si en el mundo de las relaciones físicas entre las cosas es necesaria esta distinción fenomenológica, mucho más necesaria lo será en el mundo de las relaciones entre los hombres mediada por los productos del trabajo. Así que cuando Marx estudia el precio como forma fenoménica del valor, no está llevando a cabo ninguna aventura metafísica ni dando un salto en el vacío. Sólo está teniendo en cuenta una necesaria distinción científica. La gran dificultad que tienen los economistas convencionales y los marxistas para comprender acertadamente El Capital de Karl Marx, es que piensan en términos de lógica formal o en términos de lógica dialéctica general. Desconocen por completo la lógica fenoménica, que es la quintaesencia del pensamiento dialéctico de Marx. Ignoran que el concepto de forma fenoménica es la categoría lógica fundamental en El Capital.

3.El Capital y la Semiótica Cualquier investigador en Semiótica, sobre todo aquellos que reflexionan sobre la semiótica del dinero, están obligados a estudiar, cuanto menos, el primer capítulo de El Capital de Karl Marx, que trata de la transformación de la mercancía en dinero, y donde se expone la teoría del valor. Hay que saber que la relación de cambio entre las mercancías es una relación de expresión, esto es, una relación semiótica. Así que en este capítulo de Marx está dada una semiótica, que puede ser desarrollada hasta postulados más generales, y que tiene sus fundamentos en la Fenomenología. También es importante señalar que el concepto de forma y el concepto de valor, que tanta importancia tienen para la Lingüística y la Semiótica, son básicos en el desarrollo teórico del capítulo de El Capital mencionado.


4.El destino histórico de El Capital La primera popularización de El Capital correspondió a Engels. Pero Engels vulgarizó la dialéctica presente en El Capital, en especial en su libro Anti-Dühring. Después sucedió, desde finales del siglo XIX, que las posibilidades de una revolución socialista, sobre todo en términos de condiciones subjetivas, se trasladaron desde Francia, Inglaterra y Alemania a Rusia, un país semipatriarcal, semifeudal y semicapitalista. A partir de ese entonces el papel desempeñado por Marx fue ocupado por Vladimir Ilích Ulianov. Más del 90 por 100 de los textos del líder de los comunistas rusos son de carácter político. De ahí que los comunistas europeos, encandilados por el genial Vladimir Ilích, dejaran a Marx de lado, y en especial a El Capital. La preparación económica de los comunistas de todo el mundo durante todo el siglo XX cayó en picado, permitiendo que las concepciones económicas liberales dominaran por completo el panorama de las ciencias económicas. Hay, sin embargo, dos textos de Vladimir Ilích sobre economía muy importantes, pero que nunca tuvieron gran importancia ideológica para los comunistas. El primero de esos textos, escrito a finales del siglo XIX, trataba sobre el desarrollo del capitalismo en Rusia, la creación del mercado interno y las transformaciones mercantiles capitalista que se producían en la agricultura. El segundo de esos textos, un par de años antes de que Vladimir Ilích muriera, trata de la Nueva Economía Política que propuso después de visto el fracaso económico que significó el comunismo de guerra. En esa Nueva Economía Política se proponía restaurar las relaciones mercantiles monetarias, y potenciar el pequeño capital y el capitalismo de Estado. Las reformas económicas chinas iniciadas en 1978 tiene su principal precedente teórico en esa Nueva Política Económica diseñada por Vladimir Ilích. Pero después de muerto Vladimir Ilích la importancia del conocimiento económico entre los comunistas decayó a los niveles más bajos, y así fueron derrotado tan fácilmente por los economistas convencionales (capitalistas) y se abrió la ola de las capitulaciones ideológicas entre los intelectuales marxistas. No obstante, Stalin y Mao Zedong hablaron siempre de que los comunistas debían respetar la ley del valor. ¿Y qué significaba para estos dos líderes respetar la ley del valor? Respetar la idea de que el valor de la riqueza está determinado por la cantidad de trabajo socialmente necesario para producirla. Sin embargo, aunque promovían el respeto por la ley del valor, promovieron al mismo tiempo la suspención de las relaciones mercantiles monetarias. Por lo tanto, en la práctica no respetaron la ley del valor. ¿Por qué? Porque el valor sólo existe de forma objetiva en forma de dinero. Sólo si permito que la producción en el socialismo sea una producción mercantil, estoy permitiendo que la ley del valor se manifieste. Pero si prohibo la producción mercantil, entonces en la práctica no estoy respetando la ley del valor.

Teoría del Valor

Francisco Umpiérrez Sánchez



(Director del Centro de Estudios Karl Marx)

fumsa@msn.com



Este trabajo interesa a todos aquellos investigadores que hacen uso, por una parte, de los conceptos de forma y de valor, y por otra parte, de la distinción filosófica entre esencia y fenómeno. Así que creo que interesará a economistas, sociólogos, filósofos, lingüistas y semiólogos. También será de mucho interés para todas aquellas personas dedicadas a la defensa de los intereses de los trabajadores y a propagar la necesidad del socialismo. Y será de interés igualmente para todas aquellas personas que quieran conocer el pensamiento de Marx en origen, cuya riqueza en contenidos conceptuales y en formas categoriales no tiene parangón. Este trabajo se compone de dos secciones: en la primera se expone la transformación de la mercancía en dinero, esto es, la teoría del valor de Marx, y en la segunda, una crítica a los detractores de Marx. Para las personas inquietas, las que desde el principio quieren saber cuál es el sentido, el estilo y el modo de este trabajo, les recomiendo que lean, en la segunda sección, el artículo titulado: ¿Es Marx metafísico o científico? Pero para comprender a ciencia cierta toda la parte crítica, es necesario leer previamente la primera sección. Es imposible entender la crítica a Baudrillard sin conocer la primera sección.

Las Palmas

30 de Mayo de 2003



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